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miércoles, 7 de octubre de 2020

Escenas míticas del cine (CLII)

En 1961 J. Lee Thompson dirigió a un elenco impresionante de actores en una cinta de cine bélico, inspirado en hechos de la II Guerra Mundial, llamada Los Cañones de Navarone. Actores de la talla de Gregory Peck, David Niven o Anthony Quinn (que tiene más de una escena memorable en este film) están inmensos, en una misión inolvidable. La tirada de secundarios es espléndida también, entre ellos estaban Richard Harris, Irene Papas, Stanley Baker, Anthony Quayle o Gia Scala. En 1943 la fuerzas del Tercer Reich ocupan Grecia y las Islas del Mar Egeo. Los alemanes planean una demostración de fuerza, con el objetivo de meter a Turquía en la guerra de su lado. 2000 soldados británicos se encuentran acorralados, mientras tanto, en la isla de Kheros. Pero muy cerca, en Navarone, hay instalados un par de enormes y poderosos cañones de largo alcance, cuya potencia es descomunal y cierra el paso de navegación por el Egeo, y con la posibilidad de hacer una masacre entre los ingleses allí destinados. El Alto Mando aliado manda destructores, pero sin éxito, tampoco la Royal Navy ni la RAF lo consiguen. La única y remota opción es enviar un comando de élite que se infiltre y consiga acabar con los cañones, ese comando será de seis hombres, que realizan una misión utópica y casi imposible, prácticamente suicida. Todo esto fue musicado de manera soberbia por Dimitri Tiomkin, con una música poderosa y brillante.

En una gran escena del film, después de acceder a la parte alta de la isla eliminan a un soldado alemán al que llaman por teléfono a su puesto de control, el Capitán Mallory (Gregory Peck) lo coge y contesta en alemán, pero no consigue engañarles. A partir de ahí el comandante Franklin (Anthony Quayle) está herido de gravedad con rotura en su pierna al escalar, por lo que deben llevarle mal herido, y se plantean tres opciones, una llevarle entre todos otra dejarle allí con el peligro de que los alemanes le metan droga y descubra el plan, y una tercera que dice Andrea Stavros (Antohny Quinn) que es matarle, a lo que responde manera airada el cabo Miller (David Niven. 

Os dejo con la mítica escena.

miércoles, 13 de junio de 2018

15 años sin Gregory Peck.


Eldred Gregory Peck murió el 12 de junio de 2003 en Los Ángeles a los 87 años de edad, sin ninguna aparente enfermedad, de manera natural su corazón dejó de latir. Sus restos reposan hoy en un mausoleo situado bajo la catedral californiana, el lugar que acogió su multitudinario funeral, en el que su compañero en Matar a un Ruiseñor, el actor Brock Peters, resumió el sentir de los asistentes: "Se trata (dijo Peters) de darle la despedida a una figura que emanaba esa decencia que los actores deben de buscar no sólo en sus films, sino también en su vida privada".
Nacido en San Diego (California) en 1916, hijo de farmacéutico de ascendencia armenio-irlandesa y madre de ascendencia escocesa, su padre era católico y su madre se convirtió al catolicismo después de casarse. Sus padres se divorciaron, siendo él pequeño, pasando su abuela a ser una parte muy importante de su infancia, una gran aficionada al cine que lo llevaba a ver películas todas las semanas, ahí nació su pasión.


Cuando tenía 10 años fue enviado a una escuela católica militar en Los Ángeles, y mientras cursaba allí estudios, murió su abuela. A los 14 años se fue a vivir a San Diego con su padre, estudiando bachillerato en el Instituto. Se propuso estudiar medicina en la Universidad de Berkeley, pero pronto abandonó la idea y descubrió su vocación por la interpretación, en el grupo de teatro universitario. Fue a actuar y a estudiar interpretación  a New York y en 1941 debutó en Broadway. 
Pero en 1944 abandona los escenarios y empieza su carrera en el cine, su debut fue en Days of Glory (1944) de Jacques Tourneur haciendo de ruso en medio de rusos. A partir de ahí Spellbound (1945) de Alfred Hitchcock y compartiendo reparto con Ingrid Bergman, más el mítico western de 1946 Duel in the sun, lanzaron definitivamente su carrera. Hablamos de una voz grave, gran estatura y percha, porte templado, y una indiscutible elegancia, que causaron sensación en los estudios del Hollywood clásico. Por si fuera poco, su manera de andar me ha parecido siempre inconfundible, de esas que te marcan.


Trabajó con todos los grandes directores de su época, desde el ya referido Hitchcock a King Vidor, de Elia Kazan a Raoul Walsh, de Willian Wyler a John Houston. Un actor versátil, era capaz de ser un seductor encantador con Audrey Hepburn en Vacaciones en Roma (1963), encarnar el mítico Capitán Ahab en Moby Dick (1956) o adelantarse al salvaje oeste en The Big Country (1958).
Recibió el único Óscar de su carrera por la interpretación de Atticus Finch en Matar a un ruiseñor (1962) dirigida por Robert Mulligan, hizo Arabesque (1966) junto a Sofia Loren, El Oro de Mackenna (1969), La profecía (1976) con Lee Remick, Los Niños del Brasil (1978) compartiendo con Lawrence Olivier y James Mason o aquella joya que fue Gringo Viejo (1989) junto a Jane Fonda, entre otras.


Volviendo a Matar a un ruiseñor, el film estaba basado en la novela de la escritora Harper Lee, y narraba la historia de un abogado llamado Finch, al que daba vida Peck, que tiene que defender a un hombre de raza negra acusado injustamente de violar a una mujer. Tanto el libro como la película, llegaron con el Movimiento por los Derechos Civiles muy vigente, y sirvieron de espejo de los debates de la sociedad estadounidense acerca del racismo, la tolerancia y la justicia.
Peck siempre dijo que Finch había sido su personaje favorito, de hecho en el documental "A conversation with Gregory Peck" (1999), aseguró que tuvo "un día de suerte" cuando recibió el guión de esa película, un auténtico regalo para él.

En su recuerdo y memoria pongo una escena de esta enorme película, To kill a Mockingbird, donde Atticus le dice a su hija Scout Finch (Mary Badham) que no se pelee en la escuela, porque su padre esté defendiendo a un hombre de raza negra.

domingo, 29 de marzo de 2015

The Paradine Case (1947)

Cartel del film
Una de las obras menores de Alfred Hitchcock (ya les gustaría a muchos directores que sus obras mayores fueran la mitad de buenas que ésta) costó tanto como "Lo que el viento se llevó" (Gone With the Wind, Victor Fleming, 1939), film con el que comparte el mismo productor, el mítico David O. Selznick. Dicho coste, fue debido a los continuos retrasos de rodaje y las miles y miles de tomas que se hacían. Productor y director estaban enfrentados por el resultado final del film, y afortunadamente, esta película fue la última colaboración de ambos.
El Proceso Paradine, es seguramente una de las películas más maltratadas injustamente en la filmografía de Hitchcock. Es indudable que se trata de una obra menor comparada con otras, y el hecho de encontrarse entre joyas como Encadenados o La Soga no hace más que perjudicarla. Pero, aún sin ser de sus mejores trabajos, es un film muy estimable y con bastantes puntos de interés.

Escena juicio

Hitchcock, cada vez más desilusionado con el proyecto, se centró sobre todo en los aspectos más interesantes de dirección, para mantener el interés y olvidó a los actores mientras Selznick le presionaba continuamente por retrasarse. El montaje inicial era de unas tres horas. Selznick tuvo que recortar hasta suprimir una hora. Pero, pese a que ninguno de los implicados quedó muy satisfecho con el resultado final y pese al fracaso de taquilla que fue en su época, El Proceso Paradine, no es ni mucho menos una mala película.

Ann Todd & Charles Laughton

La hermosa señora Paradine (Alida Valli) es acusada de haber asesinado a su marido anciano y ciego. De su defensa se encarga el abogado Anthony Keane (Gregory Peck) que, aunque está casado con una atractiva mujer Gay Keane (Ann Todd), se enamora perdidamente de su cliente y se deja convencer de su inocencia, hasta tal punto que se juega su carrera de abogado por ella.
Quizás se le podría achacar que el proceso de enamoramiento y fascinación por parte de Keane no está del todo bien resuelto, sobre todo en lo que se refiere a la relación con su mujer. Así como la postura de ella es bien clara y además muy sugestiva (quiere que gane el caso porque teme que si lo pierde y matan a la señora Paradine, Anthony la recordará siempre de forma idealizada, así que prefiere que siga viva y puedan competir en igualdad de condiciones), la de él nunca nos queda clara del todo. Sabemos que está enamorado de ella, pero nunca hasta qué punto quiere llegar con ese sentimiento más allá del juicio.

     Alida Valli & Gregory Peck


A cambio, el guión se centra por completo en las consecuencias que tiene esto en él y aquí radica el mayor conato de interés del film, en ver hasta qué punto ese respetable abogado acabará hundiéndose por salvar a la mujer que ama. Al preparar la defensa, Keane barajará las posibilidades de que el Señor Paradine o bien se suicidó o bien fue asesinado por su fiel ayudante de cámara, Andre Latour (Louis Jourdan). Son las únicas alternativas que existen para desmentir que la señora Paradine fue la culpable, y sin embargo ella niega tajantemente cualquiera de esas dos hipótesis por lo que, en otras palabras, está casi confesando su culpabilidad y sin embargo Keane seguirá empeñado en creer en su inocencia.

Gregory Peck & Ann Todd

Esta obsesión le llevará al extremo de convertirse en el juicio, no en el abogado defensor de la señora Paradine, sino en el fiscal de Latour (a quien además el abogado odia profundamente porque éste a su vez dice aborrecer a su adorada señora Keane). Lo peor de todo es que Keane no utiliza a Latour de chivo expiatorio, sino que en su ceguera realmente cree que él es el culpable pese a que para nosotros resulta casi evidente que es ella. Todo estallará cuando Lautor se suicida.
En cuanto a los actores Alida Valli, una de las mejores actrices del cine italiano, y de la cinematografía mundial, con una fascinante belleza que desde luego le venía de perlas a un personaje tan misterioso y cubierto de sombras como el de la Sra. Paradine se sale, y está espléndida. Gregory Peck (que estaba empezando) y fue impuesto por Selznick cumple sin más. Mientras Louis Jordan me resulta completamente inexpresivo. Ann Todd está excesivamente fría, siendo elección de Alfred curiosamente. Charles Laughton & Ehtel Barrymore es un matrimonio cuyas incursiones en el film afectan a su ritmo.



El Caso Paradine, es ante todo una película de dirección y de puesta en escena, ambas brutales, mientras que adolece de un casting de altura, y quizás fallos de guión. El asesinato en sí, no queda muy claro, hay cierta confusión en las declaraciones de los interrogados a la hora de determinar un encuentro casual en un pasillo. Tampoco el proceso de enamoramiento del abogado defensor está explicado con convicción. El resto es un prodigio.

Película denostada durante su estreno en taquilla, se fue revalorizando con el tiempo.

Os dejo con esta gran película.

miércoles, 28 de agosto de 2013

60 años de Vacaciones en Roma.


 Cartel del film



60 años se cumplen del estreno de Vacaciones en Roma de William Wyler, una de esas películas inolvidables que encima sirvió para el descubrimiento de una enorme actriz, en este caso Audrey Hepburn, muy jovencita en aquel momento, y que por si fuera poco recibió el Óscar de la Academia por su interpretación. Una de las anécdotas, de las muchas que tiene éste rodaje, es que William Wyler, en la prueba a Audrey, a la que notó nerviosa, prefirió que siguiese interpretando, a pesar de haberle dicho que la prueba había acabado, es ahí dónde ella le convenció.
Otra de las grandes anécdotas, es que el papel de Joe Bradley estaba preparado para Cary Grant, pero el galán lo rechazó, ya que se veía demasiado mayor para compartir reparto con la jovencita Audrey, papel que pasó a manos del gran Gregory Peck que lo borda, y además tuvo el detallazo de pedir que en los títulos de crédito, su nombre y el de ella tuvieran el mismo tamaño.




Anna (Audrey Hepburn) es una muchacha aburrida de sus monótonos quehaceres como princesa.
Cuando llega a Roma, se escapará de su jaula dorada para visitar anónimamente la ciudad eterna en compañía del periodista Joe Bradley (Gregory Peck), quien junto a su amigo fotógrafo Irving (Eddie Albert), intentarán aprovechar la coyuntura para realizar el reportaje del año.
Ella está encantada por conocer la ciudad como una persona más. Durante el día que pasan juntos, se divierten, pasan bochornos en la vía pública, van a una fiesta nocturna, surge algo entre ellos hasta que descubren que se han enamorado. Cuando la ausencia de la princesa ya no se puede prolongar, surge el conflicto entre el deber y los sentimientos y ella debe tomar una dura decisión. La princesa se despide de Bradley diciendo que jamás olvidará esos momentos y se besan apasionadamente como despedida final.




"La princesa está triste, ¿qué tendrá la princesa?", decían unos versos del poeta Rubén Darío. En esta ocasión lo que le sucede a la muchacha, es que está harta de sus responsabilidades diplomáticas, le duelen los pies de tanta recepción a embajadores y nobleza de la vieja Europa, y quiere volar libre por las dicharacheras vías romanas, con sus vespas (un detalle muy mod en el 53), bicicletas y antiguos monumentos iluminados por un tórrido sol.

En definitiva Vacaciones En Roma es una seductora y elegante comedia romántica, de esas que da gusto recordar en muchos momentos, y que pasa muy bien el tiempo.

Os dejo con una mítica escena, cuando Bradley enseña La boca de la verdad a la princesa...


martes, 21 de mayo de 2013

Moby Dick (1956)

    Cartel del film

 
 
 
 
En 1956, John Houston dirige este film basado en la novela de Herman Melville. Llama la atención, sin duda, la actuación de Gregory Peck, el Capitán Ahab, obsesionado totalmente con esa enorme ballena blanca, Moby Dick.
Los exteriores fueron rodados en aguas de Gran Canaria y de la Isla de Madeira portuguesa, dónde se filmaron escenas reales de la caza de ballenas.






 Reparto de la película


 
 
 
El capitán Ahab está al mando de un barco ballenero, el Pequod, un bergantín cuyos pescantes son de hueso de ballena. Su vida se desarrolla en el entrepuente y sólo sale por las noches, una especie de fantasma con pata de palo para la tripulación, cuyos pasos retumban en la cubierta.
El navío sale a la caza de ballenas, pero al cabo de los días, los tripulantes de dan cuenta de la verdadera obsesión del capitán, matar a una ballena blanca (del tipo cachalote asesino) que hace años le arrancó su pierna.
 







 
 
El final de esta película me parece tan mítico que no podía dejar de hablar de ella, la lucha de un hombre contra un enorme animal que está en su terreno.
 
 
Disfrutad del film.