Arthur Hiller dirigió en 1989 No me chilles que no te veo, que tiene a Gene Wilder y Richard Pryor como protagonistas. Dave (Gene Wilder) es sordo y contrata a Wally (Richard Pryor), que es ciego, para que le eche una mano en su tienda. Un día un tipo es asesinado delnate del puesto de Dave, pero como éste está de espaldas sólo ve las piernas de la asesina cuando se gira y Wally sólo oye el disparo. Tras ser detenidos como sospechosos del crimen, la asesina, que es la guapísima Eve (Joan Severance), y su compañero, un jovencísimo Kevin Spacey que da vida a Kirgo buscan a Wally y Dave, que tienen algo que buscan los malos, aunque aún no lo saben.
Es un film que podría parecer para todos los públicos, pero tiene escenas picantonas, y también bastantes tacos (Wally suelta bastantes).
En una escena mítica, los dos están siendo fichados por la policía y les van a hacer la foto, pero Dave no deja de mirar a Wally cada vez que le habla y la policía encargada de hacerles la foto se cabrea constantente.
Hace ya 12 años, tal día como hoy, inauguré este blog en el que hablo sobre cine, películas, cortos, series, escenas míticas, escenas cómicas, estrenos de cine, bandas sonoras, noticias, etc...
Es cierto que cuando inicié esta aventura, con expectativas muy modestas, la cosa era complicada, pero con el paso del tiempo, el trabajo, los posts realizados y demás, la respuesta es bastante sentida y sobre todo se comparten opiniones de todo tipo.
Quiero dar las gracias a todos, a blogeros que son seguidores, comentaristas y lectores, a los no blogeros que también comentan y leen, a los blogeros que sólo leen, a los que sin ser blogeros se hicieron seguidores, a los que no son ni blogeros ni seguidores, pero se pasan a leer o comentar, a aquellos que sólo leen aunque no digan nada, e incluso a aquellos que sólo se pasan a criticar pero educadamente, claro. Y desde luego ya desde el asunto de la pandemia que no está siendo fácil, ya vamos recuperando bastante aquello de ir al cine, durante un tiempo ha sido difícil, el séptimo arte lo merece y creo que ya estamos en los ritmos de antes.
Aparte de estadísticas, de si te visita más o menos gente, de si hay más o menos comentarios, lo importante es que el cine sigue vivo, se siguen haciendo películas, claro que lo necesitamos y aquí vamos comentando sobre lo que un servidor puede ver.
Robert de Niro y Al Pacino dos grandes seguidores de este espacio y la devoción obviamente es mutua, siempre a los pies de dos cracks como ellos. Otro año más y parece increíble, hablando de estrenos fulgurantes, noticias, películas, cortos, manteniendo mis viejas secciones de escenas cómicas y escenas míticas, y alguna seminueva como las bandas sonoras míticas, en definitiva un trabajo constante del que estoy muy orgulloso y quería compartir con todos. Además sigue vivo mi viejo blog de música, aún más veterano.
Aún recuerdo el primer post hablando de la película Drive, que me impulsó de manera definitiva a hablar de cine a día de hoy, una de tantas películas que me dejó huella.
Hoyes un día de celebración y quería recordar la película El jovencito Frankestein de 1974 dirigida por Mel Brooks, una de mis comedias favoritas. Hablamos de una de las comedias más disparatadas, delirantes, ingeniosas y divertidas de la historia del cine. Se trata de una de esas conjunciones donde todo funciona, y no sólo eso, sino que lo hace con un encanto especial, algo tocado con una varita mágica e irrepetible. Además y por si fuera poco, tiene la capacidad curativa de hacer olvidar problemas de la vida cotidiana, y te sientes completamente absorbido por la pantalla, en su hora y tres cuartos de duración.
Rodada en blanco y negro aposta, en ella, el joven doctor Frederick Frankestein (Gene Wilder), un neurocirujano norteamericano, ha huido siempre del estigma legado por su abuelo, quien creó años antes un monstruo. Ahí, es donde el guión perpetrado por Brooks y Wilder hace un desprejuiciado homenaje, que a la vez es parodia, y cómo no, revisión del mito cinematográfico, cuya creación era de Mary Shelley. Marty Feldman hace de Igor, un jorobado que tiene cosas realmente graciosas, mientras Inga (Teri Garr) es la ayudante del Doctor.
En una escena cómica de las muchas que tiene el film, Igor, Inga y el Doctor llegan a la sala donde su abuelo había dado vida al monstruo siguiendo el sonido de un violín, y que ahora está lleno de telarañas, aunque aún resuenan las palabras de cuando hizo esa operación sin derramar una gota de sangre, a lo que el Doctor dice: "Qué pozo de suciedad" mientras Igor responde: "Bueno, con un poco de pintura, unas flores y un par de cojines... entonces ven una luz y abren la puerta donde está el violín, un cigarro, y libros... que el Doctor presiente son de la biblioteca privada de su abuelo.
En el año 1972 Woody Allen dirige y protagoniza "Todo lo que siempre quiso saber sobre el sexo y nunca se atrevió a preguntar", una comedia absurda en la que a lo largo de siete capítulos contesta a su manera a las preguntas planteadas en un libro de divulgación sexual en el que se apoya la película, abordando de forma descarada y muy humorística alguno de los tabúes relativos a la sexualidad humana. Un bufón que trata de conseguir los favores de la reina con un afrodisíaco, un médico que se enamora perdidamente de una oveja, una mujer que sólo se excita en lugares públicos, un absurdo programa de televisión sobre fetichismos, un científico loco que crea un pecho gigante y monstruoso, y por último, y aquí me detengo, un espermatozoide aterrado ante su inminente salida al exterior, al que da vida el propio Allen.
Con abundante despliegue de imaginación, el genial cómico norteamericano ya se muestra aquí como un consumado maestro en el dominio de su elemental y muy eficaz mecanismo humorístico.
En la parte ¿qué es sodomía? el Doctor Ross interpretado por Gene Wilder recibe a un paciente que es pastor llamado Milos (Titos Vandis) y que dice estar enamorado de una oveja con la que tuvo relaciones sexuales...
Hace ya 11 años, tal día como hoy, inauguré este blog en el que hablo sobre cine, películas, cortos, series, escenas míticas, escenas cómicas, estrenos de cine, bandas sonoras, noticias, etc...
Es cierto que cuando inicié esta aventura, con expectativas muy modestas, la cosa era complicada, pero con el paso del tiempo, el trabajo, los posts realizados y demás, la respuesta es bastante sentida y sobre todo se comparten opiniones de todo tipo.
Quiero dar las gracias a todos, a blogeros que son seguidores, comentaristas y lectores, a los no blogeros que también comentan y leen, a los blogeros que sólo leen, a los que sin ser blogeros se hicieron seguidores, a los que no son ni blogeros ni seguidores, pero se pasan a leer o comentar, a aquellos que sólo leen aunque no digan nada, e incluso a aquellos que sólo se pasan a criticar. Y desde luego ya desde el año pasado que no está siendo fácil, ya vamos recuperando aquello de ir al cine, durante un tiempo ha sido difícil, el séptimo arte lo merece.
Aparte de estadísticas, de si te visita más o menos gente, de si hay más o menos comentarios, lo importante es que el cine sigue vivo, se siguen haciendo películas claro que lo necesitamos y aquí vamos comentando sobre lo que un servidor puede ver.
Benny Hill siempre es un seguidor constante de My Kingdom for a film, y la devoción es mutua, siempre a sus pies. Otro año más y parece increíble, hablando de estrenos fulgurantes, noticias, películas, cortos, manteniendo mis viejas secciones de escenas cómicas y escenas míticas, y alguna seminueva como las bandas sonoras míticas, en definitiva un trabajo constante del que estoy muy orgulloso y quería compartir con todos. Además sigue vivo mi viejo blog de música, aún más veterano.
Aún recuerdo el primer post hablando de la película Drive, que me impulsó de manera definitiva a hablar de cine a día de hoy, una de tantas películas que me dejó huella.
Hoyes un día de celebración y quería recordar la película El jovencito Frankestein de 1974 dirigida por Mel Brooks, una de mis comedias favoritas. Hablamos de una de las comedias más disparatadas, delirantes, ingeniosas y divertidas de la historia del cine. Se trata de una de esas conjunciones donde todo funciona, y no sólo eso, sino que lo hace con un encanto especial, algo tocado con una varita mágica e irrepetible. Además y por si fuera poco, tiene la capacidad curativa de hacer olvidar problemas de la vida cotidiana, y te sientes completamente absorbido por la pantalla, en su hora y tres cuartos de duración.
Rodada en blanco y negro aposta, en ella, el joven doctor Frederick Frankestein (Gene Wilder), un neurocirujano norteamericano, ha huido siempre del estigma legado por su abuelo, quien creó años antes un monstruo. Ahí, es donde el guión perpetrado por Brooks y Wilder hace un desprejuiciado homenaje, que a la vez es parodia, y cómo no, revisión del mito cinematográfico, cuya creación era de Mary Shelley. Marty Feldman hace de Igor, un jorobado que tiene cosas realmente graciosas, mientras Inga (Teri Garr) es la ayudante del Doctor.
En una escena cómica inolvidable El Doctor e Inga buscan en el castillo heredado un cerebro de alguien reciéntemente fallecido, encuentran a un muerto hace 3 años con su cráneo, otro hace 2 años, otro más hace seis meses y como final uno que acaba de morir pero sale Igor, dando un susto y cantando "nadie me quiere, nadie se preocupa por mí...".
Mi película favorita cómica, sin duda es El Jovencito Frankestein, dirigida por Mel Brooks en 1974. Una de las comedias más disparatadas, delirantes, ingeniosas y divertidas de la historia del cine. Se trata de una de esas conjunciones donde todo funciona, y no sólo eso, sino que lo hace con un encanto especial, algo tocado con una varita mágica e irrepetible. Además y por si fuera poco, tiene la capacidad curativa de hacer olvidar problemas de la vida cotidiana, y te sientes completamente absorbido por la pantalla, en su hora y tres cuartos de duración.
Rodada en blanco y negro aposta, en ella, el joven doctor Frederick Frankestein (Gene Wilder), un neurocirujano norteamericano, ha huído siempre del estigma legado por su abuelo, quien creó años más tarde un monstruo. Ahí, es donde el guión perpetrado por Brooks y Wilder hace un desprejuiciado homenaje, que a la vez es parodia, y como no revisión del mito cinematográfico, cuya creación era de Mary Shelley. En una escena magnífica, el Doctor se da cuenta de que el monstruo hace cosas muy raras dirigidas por un raro cerebro, es entonces cuando pregunta a Igor (Marty Feldman) sobre el cerebro que él le mando coger, y Igor responde que era de un A... Normal...
Ya sabéis que una de mis comedias favoritas, por no decir la que más, es El Jovencito Frankestein, dirigida por Mel Brooks en 1974. Una de las comedias más disparatadas, delirantes, ingeniosas y divertidas de la historia del cine. Se trata de una de esas conjunciones donde todo funciona, y no sólo eso, sino que lo hace con un encanto especial, algo tocado con una varita mágica e irrepetible.
Una escena brutal es la inicial, cuando el Doctor Frederick Frankestein llega al pueblo y es recibido por unos pasos que se arrastran... finalmente aparece Igor (Marty Feldman) que llevará al Doctor hasta el castillo. Chanante es cuando Igor le dice al Doctor que sus abuelos se entendían... y no menos cuando le toca la joroba y dice que se la puede quitar porque es buen cirujano... a lo que Igor contesta... ¿qué joroba?
Mi película favorita cómica, sin duda es El Jovencito Frankestein, dirigida por Mel Brooks en 1974. Una de las comedias más disparatadas, delirantes, ingeniosas y divertidas de la historia del cine. Se trata de una de esas conjunciones donde todo funciona, y no sólo eso, sino que lo hace con un encanto especial, algo tocado con una varita mágica e irrepetible. Además y por si fuera poco, tiene la capacidad curativa de hacer olvidar problemas de la vida cotidiana, y te sientes completamente absorbido por la pantalla, en su hora y tres cuartos de duración.
Rodada en blanco y negro aposta, en ella, el joven doctor Frederick Frankestein (Gene Wilder), un neurocirujano norteamericano, ha huído siempre del estigma legado por su abuelo, quien creó años más tarde un monstruo. Ahí, es donde el guión perpetrado por Brooks y Wilder hace un desprejuiciado homenaje, que a la vez es parodia, y como no revisión del mito cinematográfico, cuya creación era de Mary Shelley. En su llegada al castillo, El Doctor, Inga (Teri Garr) e Igor (Marty Feldman) son recibidos por Frau Blücher (Cloris Leachman), ama del mismo, y cada vez que se pronuncia su apellido... los caballos relinchan.
En 1974, Mel Brooks dirige el Jovencito Frankestein, quizás y sin temor a equivocarme, una de las comedias más disparatadas, delirantes, ingeniosas y divertidas de la historia del cine. Se trata de una de esas conjunciones donde todo funciona, y no sólo eso, sino que lo hace con un encanto especial, algo tocado con una varita mágica e irrepetible. Además y por si fuera poco, tiene la capacidad curativa de hacer olvidar problemas de la vida cotidiana, y te sientes completamente absorbido por la pantalla, en su hora y tres cuartos de duración.
Rodada en blanco y negro aposta, en ella, el joven doctor Frederick Frankestein (Gene Wilder), un neurocirujano norteamericano, ha huído siempre del estigma legado por su abuelo, quien creó años más tarde un monstruo. Ahí, es donde el guión perpetrado por Brooks y Wilder hace un desprejuiciado homenaje, que a la vez es parodia, y como no revisión del mito cinematográfico, cuya creación era de Mary Shelley.
Cuando el doctor hereda el castillo de Frankestein, hace un viaje para conocerlo, y descubre en él un manual científico extraño, en el que se explica paso por paso como devolverle la vida a un cadáver, con lo que empezará a crear su propio monstruo. Tendrá la ayuda de el jorobado Igor, maravillosamente interpretado por Marty Feldman, y la espectacular y llena de curvas Inga, a la que da vida Teri Garr. Ese monstruo que crea, tendrá como propósito ser amado.
En una de las muchísimas escenas impagables, mientras cenan, el doctor, Inga e Igor, mantienen una conversación acerca de las proporciones del monstruo, cuyas partes del cuerpo tendrán que ser aumentadas para adaptarse a su gran envergadura, a lo que Inga reacciona pensando que también aumentará la parte que a ella realmente le interesa de su anatomía, pero la frase final de Igor... es para la historia... "Pues va a ser muy popular".
Ayer el actor Gene Wilder falleció a los 83 años en su casa de Stamford, en el estado de Connecticut. Su sobrino Jordan Walker-Pearlman dijo al medio especializado "Variety" que el famoso intérprete falleció por complicaciones derivadas del alzheimer que padecía. Director, productor y guionista, y como no, actor sobre todo de comedia.
Gene Wilder nació en Milwaukee en 1933, hijo de una familia de inmigrantes judíos rusos, y estudió en la Universidad de Iowa, donde fue miembro de la Fraternidad Alpha Epsilon Pi. Se graduó en 1955 y después sirvió en el Ejército de Estados Unidos como sanitario y médico en el departamento de Psiquiatría y Neurología del Valley Forge Army Hospital en Phoenixville, Pensilvania. A partir de ahí hizo teatro, fue conductor de limousinas, incluso maestro de esgrima. Fogueado en Broodway, en 1964 tuvo la oportunidad de ser elegido para interpretar Mother Courage and her children, junto a Anne Bancroft, a la que le gustó Wilder y habló de él al comediante Mel Brooks.
Su debut en la pantalla fue con Bonnie & Clyde (1967) de Arthur Penn, y a partir de ahí Los Productores (1968), Un mundo de fantasía (1971) en el papel de Willy Wonka y El jovencito Frankestein (1974) haciendo del doctor Frederick Frankestein. Ese mismo año hará Sillas de montar calientes.
Kelly Lebrock & Gene Wilder
A finales de la década de 1970 y en los años 80 apareció en cuatro películas juanto a Richard Pryor, en la que fue una de las parejas cómicas interraciales más famosas de las historia del cine. Las películas fueron El Expreso de Chicago (1976), Locos de remate (1981), No me chilles que no te veo (1989) y No me mientas que no te creo (1991).
Por otro lado también hizo entre medias La mujer de rojo (1984), junto a la explosiva Kelly Lebrock. Tuvo un paréntesis en los 90 y volvió a finales de la década con Alicia en el país de las maravillas.
En un film que hizo en 1982, llamado Hanky Panky, conoció a Gilda Radner, con la que se casaría en 1984, relación que se mantuvo hasta el fallecimiento de la actriz por cáncer de ovarios.
Richard Pryor & Gene Wilder
En homenaje a este actor con el que crecí y me reí mucho, os dejo dos escenas míticas.
Primero con una escena de la película No me chilles que no te veo de 1989, donde Wally (Richard Pryor) quiere comprobar si Dave (Gene Wilder) es realmente sordo.
Y segundo una escena mítica de La mujer de rojo (1984) cuando Teddy (Gene Wilder) se cruza con una mujer (Kelly Lebrock), que es la modelo seleccionada para una nueva campaña de publicidad en su propia empresa. Ese momento en la que la ve en el garaje y la falda se le levanta por el respiradero... cambiará su vida, pero su cara lo dice todo.
Una de las películas más divertidas que se han hecho es sin duda, El Jovencito Frankestein, de Mary Shelley, dirigida por Mel Brooks en 1974. Delirante recreación del clásico en clave de humor, dónde las interpretaciones de Gene Wilder y Marty Feldman están a un nivel que raya la perfección.
Hoy recordaré la escena en la que Igor (Marty Feldman) mientras están cenando recuerda una frase que le decía su padre, ante la atenta mirada de el jóven doctor Frederick Frankestein (Gene Wilder)... que comenzaba "Jamás olvidaré a mi Papá..."