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lunes, 19 de noviembre de 2018

BlacKkKlansman (2018)


Spike Lee dirige este film en el que se cuenta la historia basada en hechos reales (y alterada como suele suceder) de Ron Stallworth, interpretado por un magnífico John David Washington, que fue el primer agente de policía afroamericano de Colorado Springs, estado de Colorado, que conseguiría la gran hazaña de infiltrarse en el Ku Klux Klan.
Cuando me refiero a que hay aspectos cambiados con respecto a la realidad (totalmente lícito ya que no es un documental) creo que el director lo hace con un sentido claro, y es el de potenciar determinadas cuestiones.


El contexto son los primeros años 70, una época marcada por gran agitación social, con la encarnizada lucha por los derechos civiles como telón de fondo, estando muy reciente la muerte de Martin Luther King. La historia de este policía afroamericano representa mucho, ya que fue recibido con escepticismo y hostilidad por varios de los que eran sus compañeros e incluso por los mandos. Pero él tenía un objetivo claro, no se echa para atrás y sigue adelante, y lo hará realizando para su comunidad una misión muy peligrosa, tanto como infiltrarse en el Ku Klux Klan. Para ello contará con la inestimable colaboración de Flip Zimmerman, un policía judío también bordado por Adam Driver.


Pero el dilema de Ron es la doble vida que lleva, por un lado ejerce de agente de policía (las conversaciones con el KKK son todas brutales) y la reacción de sus compañeros ante lo que dice, y cómo no, esto también afecta a su vida personal, ya que su escarceo amoroso con Patrice, a la que da vida estupendamente Laura Harrier (todo viene provocado porque ella es un cargo importante del sindicato de estudiantes) y en aquella época los policías (a los que llamaban puercos) estaban mal vistos, y eran un enemigo para las organizaciones reivindicativas afroamericanas, lo que supone que no florezca del todo dicha relación al interferir con su trabajo.


Pero lo mejor del film, bajo mi punto de vista, es como maneja el director el humor constantemente, haciendo de la cinta algo muy divertido, sobre todo con la caricatura de muchos de los componentes de esa organización xenófoba, racista e intolerante, incluido su jefe supremo David Duke, al que interpreta un soberbio Topher Grace. Y por otro lado haciendo una denuncia clara contra el racismo (un clásico suyo) tratando de dejar en evidencia a este tipo de formaciones. La denuncia es clara sobre todo cuando casi al final salen las imágenes de los sucedido en Charlotesville, un serio aviso.


Hablamos en definitiva de una gran película donde guión, interpretaciones, montaje, dirección y banda sonora están a un nivel enorme, y donde quizás falta ese remate final para que fuera considerada obra maestra y desde luego apunta muy alto para la próxima entrega de los Óscars y en varios apartados. El carisma que aporta John David Washington a su papel es digno de alabarse, y probablemente reciba sus merecidos premios.
Por otro lado, ese aire retro y soul de muchos de los momentos del film, le confieren una similitud a Jackie Brown, pero sólo en el aire...


Os dejo con el tráiler del film.

sábado, 29 de julio de 2017

Spider-Man: Homecoming (2017)


Nueva aventura del hombre araña, encarnado por Tom Holland, que ya lo hizo estupendamente en Capitán América: Civil War. Aquí hay un componente de cine adolescente bastante importante, y Jon Watts el director lo trata bastante bien. Una vez descubierta su identidad como Spider-Man, con la experiencia vivida con los Vengadores, Peter Parker tiene como mentor a Tony Stark, con la supervisión constante e intermedia de Happy (Jon Favreau), regresa a casa donde vive con su tía (Marisa Tomei), donde intenta tener una vida normal, como cualquier chico de su edad, pero su supuesta "Beca Stark" le tiene de aquí para allá, hasta la aparición de un nuevo villano Vulture (Michael Keaton), que hará que muchas cosas que él quiere se vean amenazadas.


A diferencia de otros films, Spider-Man: Homecoming no empieza con los divertidísimos minutos de la participación del hombre araña en la escena del aeropuerto de Capitán América: Civil War, que sale un poco más adelante y desde su perspectiva, sino que aquí pertenece por completo a un extraordinario Michael Keaton, que está realmente soberbio a lo largo del metraje. Es ahí donde la eterna situación de los villanos de Marvel, se soluciona en este caso, ya que Vulture tiene humanidad y se distingue de los que quieren dominar el mundo o el universo.
Ahí es donde Keaton lo borda, porque por un lado muestra lo temible que puede llegar a ser y por otro que vela por su familia más que nadie, e incluso momentos donde se funden ambas cosas a la vez (momentazo por cierto).


La presencia a modo de mentor y de, por así decirlo, de profesor corrector que va puliendo fallos y errores del superhéore adolescente de Tony Stark, está completamente justificada y no interfiere para nada en la historia, tiene sus apariciones estelares cuando son necesarias, pero no ensombrece para nada a su delfín Peter Parker, que somo es lógico, a medida que va descubriendo la cantidad de cosas que tiene el traje que su jefe le ha dado, se dará cuenta que no todas las puede controlar y que muchas veces deberá revisarlas para saber que hacer con cada una de ellas en el momento adecuado. Sólo Buitre, será el que le haga sombra y hacérselo pasar mal en varias ocasiones.


Pero como decía al inicio, la película tiene un aire a rollo de adolescentes de los 80 tremendo, con guiños incluidos a muchos de esos films (el comportamiento de algunos personajes), pero eso hace mostrar otra faceta del chaval Peter Parker, que permite aceptar mejor el hecho de que sea un inadaptado en el instituto, y también el cambio en la relación con su tía (una Marisa Tomei que sigue estando maravillosa). Todo esto es un acierto del director, pero sin embargo, y no todo son alabanzas, hay cosas digamos nuevas que se han incorporado al superhéroe que se alejan del clásico, moderneces que siendo visuales y chulas hacen que se aleje del clásico trepamuros, y eso que aquí trepa y de lo lindo, pero con extras y ayudas.


En definitiva esta película es una apuesta absoluta por la diversión, que la tiene y mucha, y en eso os aseguro que lo borda. La resolución de las batallas, con algún que otro pero, son más que brillantes, y desde mi butaca tuve la sensación de que me pasaba rápida la cinta, y los momentos de humor, que los hay y muchos, están tan bien repartidos que son el condimento perfecto para el redondeo final, porque los saltos que hay de lo desenfadado a lo dramático va suave y del tirón, además de que Tom Holland lo hace de vicio, parece hecho para este papel, le viene como un guante.
Por cierto, recordad quedarse en la sala para las escenas post-crédito, aquí hay dos maravillosas.


Os dejo con el tráiler de Spider-Man: Homecoming.