Como llevo diciendo estos días, Bernardo Bertolucci dirige El Último Emperador en 1987, una obra maestra que recibió 9 Óscars de Hollywood. Nos narra como en Pekín, durante 1908, nace una nueva era para la China Imperial, ya que este gran país empieza a sufrir un desmoronamiento. Pu Yi (al que da vida ya de adulto un buen John Lone y de pequeñito Richard Vuu), es un niño de tres años que es arrancado de los brazos de su madre en medio de la noche y conducido hasta la Ciudad Prohibida. Así, sin ser consciente de nada y a una edad muy temprana, Pu Yi es coronado como el último emperador de la legendaria China Imperial, teniendo que vivir recluido dentro del recinto, inaccesible para casi el resto de los mortales. Aquí Bernardo su director, utiliza el género histórico para camuflar una historia personal y subjetiva.
El guión estaba basado en la propia autobiografía de Pu Yi, que subió al trono a los tres años en noviembre de 1908 y que gobernó en la Ciudad Prohibida hasta abdicar en 1912 con siete años, debido al acoso de las fuerzas republicanas. Por tanto el film narra la convulsionada historia de este último emperador de China, su forma de vida, sus costumbres, su servidumbre y todo el estilo que se llevaba hasta antes de que el imperialismo llegara a su fin. Su vida, sin embargo, estuvo llena de azares, privilegios y transformaciones, que fueron especiales porque hasta 1949 estuvo considerado emperador aún sin realmente ostentar poder alguno, salvo de 1934 a 1945 en Manchuria, conocida por los japoneses como Manchukuo, territorio chino cercano a la frontera con Rusia, que invadieron y en que lo colocaron como regente, pero solamente en apariencia porque las decisiones finales eran tomadas por los nipones. Al perder el dominio verdadero de China continuó viviendo en un lugar conocido como la ciudad prohibida, el palacio imperial, rodeado de muchos súbditos, abundantes eunucos a su mando y un regimiento armado que le protegía. Tuvo de instructor al inglés Reginald Johnson (Peter O'Toole) que le descubrió el mundo occidental al que acabaría adorando.
La historia se cuenta desde dos tiempos que van avanzando progresivamente, en uno estamos en 1949 en la prisión de Fushun, en la que estaría por orden de las autoridades comunistas diez años hasta 1959. En una escena mítica en 1950 en Machuria, se baja del tren junto a muchas más personas, varios le rinden pleitesía, y al sentirse descubierto va al baño a intentar sucidiarse cortándose las muñecas.
Os dejo con la mítica escena.


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