Como decía ayer, Sylvester Stallone es un caso casi único en el mundo del cine. Su primer guión fue llevado a la pantalla en 1976, Rocky, dirigido por John G. Avildsen, una crítica al sueño americano, ese "American way of life" vestido de alabanza. A lo largo de la historia, ya se habían hecho películas sobre boxeo en el cine, donde el denominador común son historias de lucha y superación personal, con personajes de vidas inestables que han hecho de este deporte, un vehículo ideal para reorientar sus vidas hacia algo más próspero.
Rocky Balboa es un boxeador de origen italiano, demasiado mayor para lograr ya nada y medio retirado, ya que es un fracasado, y se le tiene por un sonado que malvive con combates esporádicos que le da para vivir a duras penas, además de trabajar cobrando deudas para un prestamista llamado Gazzo (Joe Spinell), mientras los chicos del barrio se ríen de él y sus ridículos discursos. Su mejor amigo es Paulie (Burt Young), un borracho que vive pegado a una botella de four roses y trabaja en unos almacenes de carne, cuya hermana Adrian (Talia Shire) es el amor platónico de Rocky. Pero América da oportunidades hasta al mayor tarugo, o al mayor defenestrado, y es por un capricho del destino que a Rocky se le presenta la oportunidad de pelear con el campeón mundial de los pesos pesados, Apollo Creed (Carl Weathers) y optar al título. Al principio Rocky piensa en que sólo le reclaman para ser sparring del campeón, pero le dejan claro que no, que va a pelear y es la oportunidad de su vida, ese tren que sólo pasa una vez en la vida. Es por esto, que Rocky cambiará su vida y se entrenará hasta la extenuación para aprovechar dicha oportunidad.
En otra escena mítica a Rocky le proponen una entrevista y el sitio elegido es la empresa de carnes donde trabaja su cuñado Paulie (Burt Young). La entrevistadora de TV (Diana Lewis) ignora a Paulie y se centra en Rocky que después de contestar a la pregunta de como se entrena en un frigorífico, empieza a golpear a los enormes trozos de carne...
Sylvester Stallone es un caso casi único en el mundo del cine. Su primer guión fue llevado a la pantalla en 1976, Rocky, dirigido por John G. Avildsen, una crítica al sueño americano, ese "American way of life" vestido de alabanza. A lo largo de la historia, ya se habían hecho películas sobre boxeo en el cine, donde el denominador común son historias de lucha y superación personal, con personajes de vidas inestables que han hecho de este deporte, un vehículo ideal para reorientar sus vidas hacia algo más próspero.
Rocky Balboa es un boxeador de origen italiano, demasiado mayor para lograr ya nada y medio retirado, ya que es un fracasado, y se le tiene por un sonado que malvive con combates esporádicos que le da para vivir a duras penas, además de trabajar cobrando deudas para un prestamista llamado Gazzo (Joe Spinell), mientras los chicos del barrio se ríen de él y sus ridículos discursos. Su mejor amigo es Paulie (Burt Young), un borracho que vive pegado a una botella de four roses y trabaja en unos almacenes de carne, cuya hermana Adrian (Talia Shire) es el amor platónico de Rocky. Pero América da oportunidades hasta al mayor tarugo, o al mayor defenestrado, y es por un capricho del destino que a Rocky se le presenta la oportunidad de pelear con el campeón mundial de los pesos pesados, Apollo Creed (Carl Weathers) y optar al título. Al principio Rocky piensa en que sólo le reclaman para ser sparring del campeón, pero le dejan claro que no, que va a pelear y es la oportunidad de su vida, ese tren que sólo pasa una vez en la vida. Es por esto, que Rocky cambiará su vida y se entrenará hasta la extenuación para aprovechar dicha oportunidad.
En una escena mítica Rocky visita el lugar de la pelea y se da cuenta que el dibujo suyo, tiene el pantalón equivocado a como él vestirá en el combate, estaba al revés, y se lo dice al promotor del combate George "Miles" Jergens (Thayer David) que le contesta que eso no tiene importancia, para luego marcharse el púgil mientras suena la música de piano melancólica.
Como decía ayer, los hermanos Joel y Ethan Coen dirigieron en 2007 el film No es país para viejos y que estaba basado en la novela de Cormac McCarthy. La historia se desarrolla en 1980, en la frontera de Texas y Nuevo Mexico, en un lugar indeterminado, donde Llewelyn Moss, al que da vida Josh Brolin, es un cazador de antílopes que no tiene lo que se dice un buen día de caza, no atina con un antílope. Sigue caminando y descubre a unos hombres acribillados a balazos, un cargamento de heroína y dos millones de dólares en efectivo. Es el comienzo de un thriller o western moderno o incluso renovado ejemplo de novela negra.
Esa primera escena define el film, y es realmente mítica ya que a partir de ahí y sin pensárselo dos veces Moss decide coger el dinero y construir un futuro mejor para él y su mujer. Se inicia entonces una huida a contrarreloj en la que Moss es la presa tras la que van varios cazadores. Carson Wells (Woody Harrelson) es un ex-agente de las Fuerzas Especiales contratado por un cártel, Anton Chigurh (Javier Bardem) es un asesino a sueldo cuya misión (que es recuperar el dinero robado y devolvérselo a sus jefes) es sólo una excusa para matar de forma fría, implacable e indiscriminada, y Ed Tom Bell (Tommy Lee Jones) es un veterano sheriff al que a pesar de estar de vuelta de todo, la situación a la que se enfrenta parece que se le escapa de las manos.
En otra escena mítica Chigurh echa gasolina en una estación de servicio, va a pagar al propietario de la estación, pero en la conversación con él, le pregunta si ha pillado lluvia por el camino porque ha visto que el coche tiene matrícula de Dallas, algo que molesta o irrita a Chigurh, y a partir de ahí todo deriva por donde él quiere hasta el punto de que obliga al hombre a elegir cara o cruz de una moneda antigua, para decidir si lo mata o no, al final elige cara y se salva...
Los hermanos Joel y Ethan Coen dirigieron en 2007 el film No es país para viejos y que estaba basado en la novela de Cormac McCarthy. La historia se desarrolla en 1980, en la frontera de Texas y Nuevo Mexico, en un lugar indeterminado, donde Llewelyn Moss, al que da vida Josh Brolin, es un cazador de antílopes que no tiene lo que se dice un buen día de caza, no atina con un antílope. Sigue caminando y descubre a unos hombres acribillados a balazos, un cargamento de heroína y dos millones de dólares en efectivo. Es el comienzo de un thriller o western moderno o incluso renovado ejemplo de novela negra.
Esa primera escena define el film, y es realmente mítica ya que a partir de ahí y sin pensárselo dos veces Moss decide coger el dinero y construir un futuro mejor para él y su mujer. Se inicia entonces una huida a contrarreloj en la que Moss es la presa tras la que van varios cazadores. Carson Wells (Woody Harrelson) es un ex-agente de las Fuerzas Especiales contratado por un cártel, Anton Chigurh (Javier Bardem) es un asesino a sueldo cuya misión (que es recuperar el dinero robado y devolvérselo a sus jefes) es sólo una excusa para matar de forma fría, implacable e indiscriminada, y Ed Tom Bell (Tommy Lee Jones) es un veterano sheriff al que a pesar de estar de vuelta de todo, la situación a la que se enfrenta parece que se le escapa de las manos.
Como decía ayer, en 1974 John Guillermin e Irwin Allen dirigen El coloso en llamas. En una época en la que proliferaban películas de catástrofes, esta en concreto reunió a un buen número de actores de primer nivel y que se había iniciado con La Aventura del Poseidón. Aquí se nos cuenta como las autoridades y personajes más importantes de San Francisco se encuentran en la fiesta de inauguración de un nuevo rascacielos de 138 plantas. Mientras los invitados disfrutan de la fiesta, que se celebra en el último piso del edificio, un suceso fortuito desencadena la tragedia, se trata de un cortocircuito en un cuarto trastero del piso 81, lo que provoca un incendio que comienza a expandirse a gran velocidad. El arquitecto Doug Roberts, al que da vida Paul Newman, había avisado de que se debía poner otro tipo de cables de más alta especificación, pero no le hicieron caso, era el viejo desafío del ser humano intentando tocar el cielo con una torre de acero, cemento y cristal, que se convierte en una trampa mortal para la envidia y la ambición mal enfocadas, sin hacer las cosas como dios manda y provocando una gran tragedia. Es entonces cuando entra en acción el cuerpo de bomberos encabezado por Michael O'Hallorhan, al que daba vida Steve McQueen, quien plantea el peligro de hacer edificios tan altos que complica la labor de los bomberos.
En otra escena mítica Doug Roberts va a visitar a Roger Simmons (Richard Chamberlain), hijo político de James Duncan (William Holden) el constructor, quien para ahorrar gastos no utiliza ni los sistemas ni las medidas de seguridad aconsejadas por Roberts que necesitaba un coloso de tal magnitud, lo que provocará el incendio el día de la inauguración. La escena es tensa y llena de reproches entre ambos, muy clarificativa de todo lo que vendrá después.
En 1974 John Guillermin e Irwin Allen dirigen El coloso en llamas. En una época en la que proliferaban películas de catástrofes, esta en concreto reunió a un buen número de actores de primer nivel y que se había iniciado con La Aventura del Poseidón. Aquí se nos cuenta como las autoridades y personajes más importantes de San Francisco se encuentran en la fiesta de inauguración de un nuevo rascacielos de 138 plantas. Mientras los invitados disfrutan de la fiesta, que se celebra en el último piso del edificio, un suceso fortuito desencadena la tragedia, se trata de un cortocircuito en un cuarto trastero del piso 81, lo que provoca un incendio que comienza a expandirse a gran velocidad. El arquitecto Doug Roberts, al que da vida Paul Newman, había avisado de que se debía poner otro tipo de cables de más alta especificación, pero no le hicieron caso, era el viejo desafío del ser humano intentando tocar el cielo con una torre de acero, cemento y cristal, que se convierte en una trampa mortal para la envidia y la ambición mal enfocadas, sin hacer las cosas como dios manda y provocando una gran tragedia. Es entonces cuando entra en acción el cuerpo de bomberos encabezado por Michael O'Hallorhan, al que daba vida Steve McQueen, quien plantea el peligro de hacer edificios tan altos que complica la labor de los bomberos.
En una escena mítica el jefe de bomberos le dice a Roberts que no utilicen el ascensor express, Doug llama arriba y lo comunica. Entonces el dueño del edificio Jim Duncan (William Holden) habla a todos los integrantes de la fiesta y les pide no utilizar ese ascensor, pero después de la charla se abren las puertas del mismo, y los que hay cerca se meten dentro y se cierra...
Como decía hace unos días, En 1960 George Pal llevó a la gran pantalla la novela mítica de H. G. Wells La máquina del tiempo, titulada aquí como El tiempo en sus manos. Esa novela fue la primera que trató el tema del viaje temporal de una forma seria, hablamos de 1895, y en el que mezclaba la crítica social, la aventura y el suspense. Esta película se incluye, por su año de salida, en la primera mitad de la década de los sesenta, donde ocurrió algo curioso dentro del ámbito del cine de ciencia-ficción, y era como si el tiempo se moviera hacia adelante y hacia atrás simultáneamente, La gran sorpresa o Robinson Crusoe en Marte dan fe de ello.
El productor George Pal había llevado al cine La guerra de los mundos en 1953 con excelentes resultados, así los herederos de Wells quedaron muy satisfechos con esa actualización, por lo que le ofrecieron los derechos de cualquier otra novela del escritor, y Pal eligió "La máquina del tiempo", una alegoría socialista muy bien disfrazada de aventura, a la que quitó el sentido político con la ayuda de su guionista David Duncan, pero manteniendo la trama general muy fiel a la original. Sin embargo a Pal le costó, hasta 1958 no encontró un estudio que le financiara el proyecto, y además ya había dado el salto de productor a director.
La historia se cuenta en 1899 en Inglaterra, donde un científico e inventor H. George Wells, al que da vida el soberbio Rod Taylor, construye un vehículo que le permite viajar a través del tiempo, lo que él llama la cuarta dimensión. Con esa máquina emprenderá un viaje alucinante a través de los siglos y es testigo, entre otros acontecimientos de la I Guerra Mundial, la II Guerra Mundial, e incluso de un holocausto atómico en 1966, del que sale ileso. Pero su último destino es un paradisíaco lugar del futuro, cuyas gentes viven en el año 802.701, en el que vive una increíble aventura, donde los Morlocks tienen sometidos a los Eloi. Los Eloi son bastante extraños y son bastante incultos, comiendo con ellos se da cuenta de que están totalmente perdidos, no tienen leyes, no trabajan, y se da cuenta de que los libros están destruidos y son polvo...
Como decía ayer, Ryan Coogler dirige Los Pecadores, una film que acaba de batir récords de nominaciones a los Óscars con dieciséis, nada más y nada menos. A Coogler le conocía por cintas como Creed o Black Panther, pero es con este film con el que ha hecho su trabajo más personal y enteramente suyo. Mucho había escuchado de la película, pero hasta que la ves no te das cuenta de que no tiene una fácil clasificación, algo que últimamente es difícil de ver en una superproducción. Ante todo esta cinta tiene su base en la experiencia negra en Estados Unidos, pero no exenta de entretenimiento que se mezcla con el terror y el thriller de acción, todo muy bien combinado, que consigue un resultado que la crítica ha puesto por las nubes. Ciertamente hay una parte de la película que recuerda a alguna epopeya tarantinesca, y siendo bastante excesiva en muchos momentos consigue ser genuina. Se trata de un film sutil a la vez que brutal, visualmente espectacular y un deleite para los oídos, con el blues como base de todo.
La historia está ambientada en los años 30, en la que la Ley Seca imperaba en Estados Unidos, pero como es sabido, eso no impedía el contrabando de alcohol y su consumo a espaldas de la ley. Las comunidades afroamericanas son perseguidas por el Ku Klux Klan y los trabajadores negros cultivan el algodón en las plantaciones. En los estados sureños, Misisipi, en concreto en Clarksdale donde se ambienta el film, la vida no es sencilla para estas personas, que sobreviven con lo poco que tienen. Allí se mezclan superstición y religión, vudú y chamanes, tradición y las creencias... todo ello dentro de una cultura que bulle en sus venas y se transmite de generación en generación, pero que tiene a la música blues como el auténtico pegamento de unión de todos ellos y que forma parte de su esencia. Sammie Moore (al que da vida Miles Caton), es el hijo del pastor y quiere ser músico (además se le da bien), un camino que no todos ven correcto, el primero su padre, así empieza la historia, en una iglesia, un chaval con una guitarra en las manos, ¿será la música del diablo o la libertad?
El actor fetiche de Coogler, Michael B. Jordan realiza dos papeles, Smoke y Stack, hermanos que se hacen llamar "los gemelos" personajes que recuerdan hasta que punto había que llegar para que no te pasaran por encima en esa época. Vuelven de Chicago adinerados a su pueblo, y quieren montar un local de blues, para ello compran un viejo aserradero a un blanco.
La música obviamente es muy importante en todo el film, y la banda sonora corre a cargo de Ludwig Göransson al que yo conocía por su trabajo en Oppenheimer de Christopher Nolan, y aquí hace un gran trabajo, donde a parte de componer varias piezas, conduce a muchos de los actores que interpretan temas.
Uno de los temas que él compone es Flames of fortune que tiene a Don Toliver como cantante.
Ryan Coogler dirige Los Pecadores, una film que acaba de batir récords de nominaciones a los Óscars con dieciséis, nada más y nada menos. A Coogler le conocía por cintas como Creed o Black Panther, pero es con este film con el que ha hecho su trabajo más personal y enteramente suyo. Mucho había escuchado de la película, pero hasta que la ves no te das cuenta de que no tiene una fácil clasificación, algo que últimamente es difícil de ver en una superproducción. Ante todo esta cinta tiene su base en la experiencia negra en Estados Unidos, pero no exenta de entretenimiento que se mezcla con el terror y el thriller de acción, todo muy bien combinado, que consigue un resultado que la crítica ha puesto por las nubes. Ciertamente hay una parte de la película que recuerda a alguna epopeya tarantinesca, y siendo bastante excesiva en muchos momentos consigue ser genuina. Se trata de un film sutil a la vez que brutal, visualmente espectacular y un deleite para los oídos, con el blues como base de todo.
La historia está ambientada en los años 30, en la que la Ley Seca imperaba en Estados Unidos, pero como es sabido, eso no impedía el contrabando de alcohol y su consumo a espaldas de la ley. Las comunidades afroamericanas son perseguidas por el Ku Klux Klan y los trabajadores negros cultivan el algodón en las plantaciones. En los estados sureños, Misisipi, en concreto en Clarksdale donde se ambienta el film, la vida no es sencilla para estas personas, que sobreviven con lo poco que tienen. Allí se mezclan superstición y religión, vudú y chamanes, tradición y las creencias... todo ello dentro de una cultura que bulle en sus venas y se transmite de generación en generación, pero que tiene a la música blues como el auténtico pegamento de unión de todos ellos y que forma parte de su esencia. Sammie Moore (al que da vida Miles Caton), es el hijo del pastor y quiere ser músico (además se le da bien), un camino que no todos ven correcto, el primero su padre, así empieza la historia, en una iglesia, un chaval con una guitarra en las manos, ¿será la música del diablo o la libertad?
El actor fetiche de Coogler, Michael B. Jordan realiza dos papeles, Smoke y Stack, hermanos que se hacen llamar "los gemelos" personajes que recuerdan hasta que punto había que llegar para que no te pasaran por encima en esa época. Vuelven de Chicago adinerados a su pueblo, y quieren montar un local de blues, para ello compran un viejo aserradero a un blanco.
Cierto es que el film tiene dos partes diferenciadas, con una especie de interludio o unión hacia la mitad donde parece que por un momento se pierde algo de la perspectiva, quizás quitaría esos diez minutos de metraje sobrantes desde mi modesto punto de vista. En la primera parte cuando la fiesta está en su esplendor, es la máxima expresión de la libertad para la comunidad negra y en una escena al principio muy chocante, el músico entona una canción y la secuencia cruza la sala de baile mezclando sonidos de distintas épocas y pueblos. Ojo el film no es un musical, aunque tiene partes donde pudiera parecerlo, simplemente va con la historia.
En la segunda parte lo sobrenatural se adueña del film, y hay un evidente cambio de género. la llegada de un extraño músico irlandés Remmick (Jack O'Connell) lo cambiará todo. Se adueñan el terror, el sexo, la acción, etc., y sin olvidar el componente social tan importante en el film.
Por cierto, es interesante recalcar que hay que ver la película incluidos los títulos de crédito, con una escena última realmente apabullante.
Os dejo con el tráiler de un film que creo que no te deja indiferente.
En 1960 George Pal llevó a la gran pantalla la novela mítica de H. G. Wells La máquina del tiempo, titulada aquí como El tiempo en sus manos. Esa novela fue la primera que trató el tema del viaje temporal de una forma seria, hablamos de 1895, y en el que mezclaba la crítica social, la aventura y el suspense. Esta película se incluye, por su año de salida, en la primera mitad de la década de los sesenta, donde ocurrió algo curioso dentro del ámbito del cine de ciencia-ficción, y era como si el tiempo se moviera hacia adelante y hacia atrás simultáneamente, La gran sorpresa o Robinson Crusoe en Marte dan fe de ello.
El productor George Pal había llevado al cine La guerra de los mundos en 1953 con excelentes resultados, así los herederos de Wells quedaron muy satisfechos con esa actualización, por lo que le ofrecieron los derechos de cualquier otra novela del escritor, y Pal eligió "La máquina del tiempo", una alegoría socialista muy bien disfrazada de aventura, a la que quitó el sentido político con la ayuda de su guionista David Duncan, pero manteniendo la trama general muy fiel a la original. Sin embargo a Pal le costó, hasta 1958 no encontró un estudio que le financiara el proyecto, y además ya había dado el salto de productor a director.
La historia se cuenta en 1899 en Inglaterra, donde un científico e inventor H. George Wells, al que da vida el soberbio Rod Taylor, construye un vehículo que le permite viajar a través del tiempo, lo que él llama la cuarta dimensión. Con esa máquina emprenderá un viaje alucinante a través de los siglos y es testigo, entre otros acontecimientos de la I Guerra Mundial, la II Guerra Mundial, e incluso de un holocausto atómico en 1966, del que sale ileso. Pero su último destino es un paradisíaco lugar del futuro, cuyas gentes viven en el año 802.701, en el que vive una increíble aventura, donde los Morlocks tienen sometidos a los Eloi.
Pero antes de todo eso, y en una escena mítica, el protagonista explica a sus amigos David Filby (Alan Young), el Doctor Phillip Hillyer (Sebastian Cabot), Anthony Bridewell (Tom Helmore) y Walter Kemp (Whit Bissell), su proyecto que les presenta en una maqueta, como él dice es un experimento que le hará viajar a través del tiempo y en donde espera encontrar respuesta a una duda que le invade, ¿puede el hombre controlar su destino?
Bien, el grueso de películas que dominan esta lista las vi en esos últimos cinco o seis meses del año, salvo alguna que otra excepción, pero también digo que alguna de las que están en los puestos más altos se estrenaron a principios o mediados del año. Aquí tenemos un film que para mí es indiscutiblemente la mejor película del año, un biopic sobre un mito musical vivo de los mejores que se han hecho, luego una película con la que me divertí muchísimo y con la que lo pasé muy bien, además de interesarme mucho la temática, otro biopic muy bueno ocupa la tercera plaza sobre otro mito muscial vivo, un film tremendo sobre la elección de un nuevo papa ocupa el cuarto lugar y un film que me dejó descolocado en su día y que optó fuerte en los últimos Óscars con muchas nominaciones.
1. A COMPLETE UNKNOWN de James Mangold
James Mangold dirige este biopic titulado A complete unknown, centrado en una época concreta de Bob Dylan la que va desde 1961 hasta 1965, con su cambio del folk al formato eléctrico, y que está basado en un libro de Elijah Wald titulado Dylan goes electric!, al que es bastante fiel. Mangold que es un director norteamericano cuyos registros son bastante variados, lo mismo te hace la última de Indiana Jones "Indiana Jones y el dial del destino" (2023), que te hace una de Marvel como "Logan" (2017), dramas policíacos como "Copland" (1997), una de terror y thriller psicológico como Identity (2003), es tan versátil, que en el terreno de los biopics ya había dejado un magnífico retrato de Johnny Cash con "Walk the line" (2005), traducida aquí como "En la cuerda floja" dónde curiosamente le dieron el Oscar a Reese Whiterspoon por su papel de June Carter y no a Joaquin Phoenix por el del propio Cash. Es por tanto un género este, que no le era nada hostil al buen director, aunque aquí la diferencia con aquel es que se centra en una época concreta del artista, lo que en cierta forma es más cómodo para el director, ya que no tiene que narrar varias épocas con auges y caídas, que quizás suelen complicarlo todo, y empieza a ser la moda.
Timothée Chalamet es el actor francés que da vida al joven Bob Dylan y su trabajo es realmente extraordinario, en estos casos es importante estudiarse los movimientos, gestos e incluso poses del artista, y francamente esos detalles están pulidos al máximo por parte del actor. James Mangold explicaba en unas declaraciones que había contado con la ayuda directa de Bob Dylan, que se mostró colaborador e incluso dejó entender que es un gran cinéfilo. Añadía que la aproximación al cantante no se ha hecho desde la óptica de un fan, porque de hacerlo así su figura hubiera quedado distorsionada, por contra ha buscado mostrar a Bob Dylan a partir de las reacciones que provoca en los demás. Y sinceramente, el resultado es bueno, bastante bueno.
Una de las mejores características del film es la ambientación, la de esa influyente escena musical de Nueva York de principios de los 60, como Dylan llega allí con 19 años, y empieza visitando a un artista enfermo como Woody Guthrie (al que da vida Scoot McNairy) pero reconocida gran influencia, conociendo a la vez a Pete Seeger (Edward Norton), a los que deja ya impresionados con algunos temas. El ascenso meteórico del músico procedente de Minnesota, aunque en su primer disco le "obligan" a hacer versiones y adaptaciones de temas tradicionales, está muy bien contado, y como también sus relaciones amorosas se mezclan, la de Sylvie, su primera novia a la que da vida Ell Fanning, o su turbulento romance con Joan Baez (Monica Barbaro) con la que compartió muchas veces escenario, dentro del mundo del folk.
Os dejo con el tráiler del film.
2. F1: THE MOVIE de Joseph Kosinski
Joseph Kosinski dirige esta superproducción después de su espectacular Top Gun: Maverick que tanto impactó tres años atrás. Esta película cuenta con la presencia como productor del piloto Lewis Hamilton, y la participación de todos los pilotos del campeonato del mundo en el momento en el que se grabó, allá por 2023. Con una figura indiscutible como Brad Pitt como gancho e interpretando al veterano piloto Sonny Hayes, consigue atrapar por su buen ritmo y salir triunfante no sólo por la experiencia de un piloto con muchas tablas en la trama, si no también en el aspecto cinéfilo dando una tremenda consistencia a la cinta.
Obviamente esta película que está basada en la Fórmula 1 y en el campeonato del mundo de la especialidad, es fácil de entender, me refiero a su lenguaje, para aquellos que amamos y seguimos el gran circo, pero ante todo es puro espectáculo, no es una cinta profunda ni que te vaya a sorprender ni mucho menos, aunque de hecho el guionista Ehren Kruger elige caminos tradicionales y hay ciertos matices o situaciones que se ven venir y ya sabes lo que va a pasar.
En el film se nos cuenta la historia de Sonny Hayes que fue un fenómeno prometedor de la Fórmula 1 en la década de los 90, donde se codeaba con gente como Prost, Senna o Mansell, hasta que un accidente muy grave en pista acabó casi con su carrera y le quitó todo lo que tenía. Treinta años después corre aquí y allá, un nómada del volante en las 24 horas de Daytona, Le Mans, o donde le convenza, pero disfrutando siempre. Su antiguo compañero de equipo Rubén Cervantes (Javier Bardem) le contacta y le ofrece una oportunidad única, correr en su equipo de Fórmula 1 muy en riesgo de desaparecer o quebrar, si no empiezan a obtener resultados. Rubén le convence y vuelve a la categoría reina, una última oportunidad para él también como piloto. Su compañero es el novato Joshua Pearce (Damson Idris), piloto estrella que quiere imponer su estilo y ritmo.
La rivalidad entre ambos es extrema y saltan chispas en las primeras carreras, Hayes parece que no juega en equipo, pero es todo lo contrario, de hecho el primer punto del equipo de Pearce es gracias a su trabajo sucio. Es cierto que el carisma de Brad Pitt es enorme y llena la pantalla, y sobre todo en la primera parte sale triunfador absoluto, sin embargo todo lo que rodea al piloto ya no está tan trabajado exceptuando a una gran Kerry Condon, que hace de Kate McKenna, la directora técnica del equipo y encargada de hacer mejoras en el coche, y que curiosamente es la que aporta humanidad, dentro de un mundo de muchos tecnicismos. Es Idris el que no me acaba de redondear, me parece que le falta algo para que su conflicto con Hayes sea más creíble.
Os dejo con el tráiler del film.
3. SPRINGSTEEN: DELIVER ME FROM NOWHERE de Scott Cooper
El 24 de octubre se estrenó en todo el mundo el biopic de Bruce Springsteen dirigido por Scott Cooper (que dirigió Crazy Heart e hizo ganar el Oscar a Jeff Bridges) titulado Deliver me from nowhere y que está basado en el libro de Warren Zanes. Desde luego si echamos la mirada atrás y revisamos los últimos films hechos sobre estrellas de la música, Elvis, Bob Dylan, Elton John, etc., digamos que este evita desde el primer momento los tópicos en los que si caían los anteriores, ya que se trata de un film bastante intimista y centrado en una época concreta en la que el artista no pasaba por su mejor momento personal. El propio Springsteen ha estado involucrado en el desarrollo del proyecto, aunque prefirió mantenerse al margen del rodaje en las escenas más íntimas. Según declaraciones del propio Bruce: "Involucra, en cierto modo, algunos de los días más dolorosos de mi vida, sabía que si estaba allí, Jeremy no sería capaz de sentirse completamente libre".
Y es que Jeremy Allen White, actor elegido para interpretar a Bruce, no tiene un físico muy parecido a él, pero en lo que el actor ha trabajado es en los movimientos y gestos del músico, donde ahí se se aprecia un trabajo arduo.
Aquí desde el primer momento, se deja claro que no se va a hablar del Springsteen de estadios ni de sus shows en grandes recintos, si no que la película arranca cuando acaba la exitosa gira de The river, y el músico se pide a si mismo hacer otro tipo de canciones que el cuerpo le pide. Se hacen flashbacks continuos a su infancia en New Jersey, y a la relación con su madre y su padre, ésta última realmente difícil por los excesos de su progenitor con el alcohol.
Esa mirada contenida, oscura y que se adentra en las partes más vulnerables de la persona son las que dominan el trabajo.
Un papel muy importante en el film es el que desarrolla Jeremy Strong que hace de Jon Landau, el mánager de Bruce y que era siempre la primera persona en la que el artista se apoyaba tanto para entregarle los avances de sus composiciones, como para ser la persona que le prestara apoyo en los momentos duros.
La película está centrada en la concepción del disco Nebraska de 1982, que se grabó en su casa en cinta, con un cuatro pistas algo rudimentario, repleto de errores técnicos, pero con una pureza que al propio Bruce le encantaba y que quería que se reflejara en la edición final del disco, como así acabó siendo. El film se centra en ese proceso creativo, en el que vuelve a tener influencia de ese film de 1973, Badlands, de Terrence Malick, y en el que Bruce inicia una relación con una hermana de un antiguo compañero de instituto, Faye Romano (Odessa Young) que se verá afectada por el momento personal sombrío que domina su vida.
Pero será la relación con su padre Douglas (Stephen Graham) la que marque gran parte del film, una relación que le marcó de pequeño y le seguía afectando de mayor, hasta el punto de querer estar cerca de ellos cuando se mudan a California.
Ese contexto en el que trata de reconciliar las presiones del éxito con los fantasmas de su pasado, atormentan a la persona constantemente.
Os dejo con el tráiler del film.
4. CÓNCLAVE de Edward Berger
El pasado 2024 Edward Berger, a quién conocí por su extraordinario trabajo en Sin novedad en el frente de 2022, dirigió Cónclave donde deja atrás el sobrecogedor espectáculo militar y la desgarradora manera de contarlo de su anterior film en espacios grandes y abiertos, para cerrarse entre las cuatro paredes de la Capilla Sixtina realizando un ejercicio de suspense de altos vuelos en clave obviamente eclesiástica, que tiene una lucidez innegable, que resulta hasta cómico y divertido en algunos momentos y que contiene un discurso más agudo y afilado de lo que se podría imaginar.
Pero aquí el Vaticano busca elegir un nuevo Papa, tras la inesperada muerte del Sumo Pontífice, es entonces cuando el cardenal Lawrence (Ralph Fiennes) es designado como responsable de organizar y liderar el Cónclave, uno de los rituales más secretos y antiguos del mundo para la elección de un nuevo Papa. Pero es ahí, donde el director mete una traslación de los thrillers políticos setenteros donde hay paranoias, conspiraciones y luchas intestinas.
El film tiene ritmo, varios giros imprevistos, quiebros, sorpresas y para nada se hace tedioso, ese fue mi gran aplauso, ya que en un tema como este es fácil caer en un ritmo pausado y que el film se te haga largo y pesado. A ello también contribuye una elección de actores de primer nivel con el citado Ralph Fiennes a la cabeza, Stanley Tucci, el veterano John Lithgow, Sergio Castellitto, Isabella Rosellini o Carlos Diehz, entre otros.
Cuando los líderes más poderosos de la Iglesia Católica se reúnen en los salones del Vaticano, el cardenal Lawrence se ve atrapado dentro de una compleja conspiración, en la que muchos candidatos van siendo descartados por diferentes cuestiones y detalles, a la vez que descubre un secreto que puede hacer sacudir los cimientos de la propia Iglesia. Eso produce muchas votaciones y varias fumatas negras, ya que el acuerdo se va enredando, hasta que la fumata blanca destapa a un candidato que no estaba ni mucho menos en las quinielas previas.
Con una dirección de fotografía sublime y una acertadísima banda sonora de Volker Beltermann esa sensación de encierro y asfixia está perfectamente reflejada, con unos recursos de cámara brillantes y una puesta en escena excelente. A destacar varias escenas de la película y un momento cumbre entre Ralph Fiennes e Isabella Rossellini cuyo diálogo tiene puyas bestiales, y momentos de risas incontenibles.
Os dejo con el tráiler del film.
5. LA SUSTANCIA de Coralie Fargeat
Coralie Fargeat dirige La Sustancia que se debe incluir dentro del cine de terror, y que consiguió colarse en los Óscars con un total de cinco nominaciones, muy merecidas. Desde que tuve referencias del film, deseaba verlo ya que todas las personas que me hablaron de este trabajo me lo recomendaban. Primero decir que no es un film apto para todo el mundo, ya que hay escenas duras, pero parte de una premisa que es realmente interesante, si te ves mayor, puedes desdoblarte y tener otro yo más joven, a partir de un producto revolucionario basado en la división celular, que crea ese alter ego más joven, más bello y más perfecto.
Demi Moore da vida a Elisabeth Sparkle, una estrella televisiva que lleva años liderando audiencias haciendo mover el esqueleto (tipo Eva Nasarre aquí en España) a todos los que quieren hacer algo de ejercicio saludable.
Elisabeth ha llegado a los 50 y para alguien que trabaja en televisión su imagen es crucial. En un momento dentro de las instalaciones de la televisión, va al baño de hombres y escucha como su jefe en la televisión, Harvey (Dennis Quaid) mientras micciona y con una cámara fija en la parte alta del tiesto habla por el móvil y deja claro que Elisabeth está mayor y que la va a despedir. Al salir, ella se mira al espejo y se da cuenta de que se le acaba el chollo. Entonces sale del edificio, va en su coche y ve como en un cartel gigante se quita su imagen, lo que le provoca un disgusto, deja de atender la conducción y es embestida por un vehículo (espectacular escena esta), dando vueltas de campana. En el hospital le atienden y milagrosamente no tiene nada según le dicen el doctor y el enfermero que le atienden. El doctor se retira y el enfermero ausculta a Elisabeth y da su visto bueno, dejando en el bolsillo del abrigo de ella un pen drive llamado The Substance y el papel que lo envuelve dice "me cambió la vida". Cuando llega a casa lo pone en el televisor y sigue las instrucciones, hace el pedido y va a buscar el material a una zona desangelada y en un sitio recóndito y escondido. Cuando regresa a su enorme casa pone en práctica el material recibido, y a partir de ahí todo cambiará.
Moore hace una compleja interpretación (y por ella estaba nominada y ya había ganado el Globo de Oro) de una estrella envejecida que toma ese misterioso suero para recuperar la juventud perdida, un experimento que al inicio parece ir bien, pero que se acabará convirtiendo en una pesadilla surrealista. Demi hace una exhibición, una clase magistral de transformación física y emocional que tiene algunas escenas ya míticas e icónicas como, por ejemplo, cuando se aplica y se quita el pintalabios, mezcla de confianza y fragilidad.
Pues ha sido un año donde no he ido demasiado al cine, la verdad sea dicha, lo he hecho en contadas ocasiones, y no es porque me deje de gustar, si no por el desarrollo de los acontecimientos. La lista realmente es corta, y este año se queda en 7 películas, eso sí, muy buenas de las que pude ver, algunas de ellas venían del año anterior y ya las vi en 2025, algo muy típico. Aquí tenemos un film dirigido por Oliver Laxe que será la película que defienda a España en los Óscars y luego un film dirigido por Icíar Bollaín sobre el acoso que sufrió una concejala del ayuntamiento de Ponferrada en su día, un caso real llevado a la gran pantalla.
6. SIRÀT. TRANCE EN EL DESIERTO de Oliver Laxe
Por fin pude ver hace no mucho la película que ha sido elegida por España para representar a nuestro país en los Óscars como mejor película internacional, la road movie Sirât. Trance en el desierto. Esta odisea salvaje moderna es muy cierto que te deja impactado, al principio piensas que se va a basar todo en el asunto de las raves en el desierto y la verdad es que la cosa cambia y mucho, ese es digamos el vehículo a partir del cual se nutre la historia que se nos cuenta. Oliver Laxe, el director, no te deja indiferente y te propone un viaje por el desierto puro y duro y en unas condiciones que se van haciendo cada vez más duras en todos los sentidos. Se trata de un film de pulsión que te va atrapando y enganchando poco a poco, y eso que al principio del visionado me costó cogerle el punto y hasta estuve a punto de abandonarlo.
Se nos cuenta la historia de un hombre llamado Luis, al que da vida un genial Sergi López y su hijo Esteban (al que interpreta Bruno Nuñez Arjona) que llegan a una rave perdida en Marruecos. Aquí hago un paréntesis, esa colocación de los bafles para que suene la música se te queda grabado, por momentos me quiere recordar al concierto de Pink Floyd en Pompeya... piensa uno en su cabeza rockera, pero no, de repente tienes a cientos de locos por la electrónica totalmente ensimismados con lo que sale por esos altavoces gigantes. Padre e hijo entre esa marabunta electrónica reparten fotos de Mar, su hija y hermana, desaparecida hace meses en una de esas fiestas que no tienen amanecer y un tipo de libertad que les proporciona que les es completamente desconocida. Les preguntan en concreto a un grupo de raveros que dicen desconocer a Mar, y deciden seguirlos a una última fiesta hacia el Sur que también se celebrará en el desierto, también la última oportunidad de encontrar a Mar, aunque ellos avisan a Luis que el camino es difícil y su furgoneta puede que no aguante.
Es entonces cuando se monta la expedición en busca de una quimera y con todos los problemas que tendrán a lo largo del viaje, caminos escarpados, ríos que atravesar, etc., cosas que van superando poco a poco. Pero el film va cogiendo una tensión que es constante, en un crescendo que ya no parará y lo que es mejor muta en otra película que se maneja en terrenos más peligrosos, se podría decir incluso que tuviera dos partes porque la segunda es otra historia. La aridez de las montañas y el desierto en general, esas carreras por las ásperas planicies, son características constantes y podría parecer que hay un nexo de unión con el despliegue del gran George Miller en Mad Max, pero no, la historia vira y nos da un golpe de realidad tras otro, en un final de historia realmente devastador que te deja sobrecogido y francamente tocado.
Pero es en esta parte donde el director te deja imágenes impactantes a la luz de los focos de las camionetas y líneas de carretera intermitentes que te transportan a ese trance hipnótico que se rompe de la manera más inimaginable.
Os dejo con el tráiler del film.
7. SOY NEVENKA de Icíar Bollaín
Soy Nevenka es una película dirigida por Icíar Bollaín en 2024 y que trata la historia real de Nevenka Fernández a la que da vida Mireia Oriol, que en el año 2000 tenía 24 años y era la concejala de Hacienda en el Ayuntamiento de Ponferrada, León. Su acceso al puesto sin experiencia previa, se debía a la insistencia de Ismael Álvarez al que encarna Urko Olazabal, el alcalde reelegido, un hombre acostumbrado a hacer su voluntad en lo político y en lo personal, un personaje muy habitual en este país, al que le gente le vota a él antes que al partido que representa. Al principio tienen una fugaz relación que ella decide cortar, pero que él quiere continuar y empieza a acosarla de manera implacable. En todo ese proceso, ella empieza a sufrir por parte del alcalde vejaciones en los plenos, y desaires que no pasan desapercibidos para la líder de la oposición. El acoso es de tal magnitud que ella empieza a bloquearse y a coger un miedo atroz a Ismael que llega a rayar la locura, afectando a su vida diaria, provocando bajas laborales y demás.
Ella decide finalmente denunciar en marzo de 2001, pero sabe perfectamente que deberá pagar un precio muy alto, ya que su entorno familiar no le apoya del todo, la sociedad de Ponferrada apoya al alcalde y no a ella, y los medios le someten a un juicio público. Hemos de recordar que hace 24 años, este tipo de temas se veían de manera muy diferente, de hecho la sociedad de entonces no estaba preparada para escuchar nada sobre los habituales abusos sexuales en los puestos de poder. A día de hoy habría sido defendida por todos lados, fue Nevenka Fernández la primera mujer en denunciar a Ismael Álvarez por acoso en este país y con todo en contra. En el film se cuenta como llegó a haber incluso manifestaciones en Ponferrada a favor del alcalde con la frase por eslogan: " a mí no me acosan, si yo no quiero".
Creo que Icíar Bollaín por las declaraciones que le he escuchado, decidió no centrarse tanto en el juicio, ya que hay muchas películas de juicios y los abogados se convierten en protagonistas, y centrar el protagonismo en ella, su enorme sufrimiento y en mostrar a Ismael como el típico hombre carismático, atento, cercano, con fama de mujeriego, de esos de los que la gente se fía, pero que lleva dentro un animal político aferrado al poder, y cuyo escudo protector es decir que todo lo hace por ayudar a los habitantes de su ciudad.
En el año 1987 Rob Reiner dirige una de esas películas que nunca te cansas de ver y que tiene momentos de lo más divertidos, es un cuento medieval de amores inmortales, lucha de espadas, brujas malvadas, conjuros y princesas, además de tener una extraordinaria banda sonora compuesta por Mark Knopfler. Después de buscar fortuna durante un lustro, Westley (Cary Elwes) retorna a su tierra para casarse con su amada, la bella Buttercup (Robin Wright Penn), a la que había jurado amor eterno. Para recuperarla ha de enfrentarse a Vizzini (Wallace Shawn) y sus secuaces. Luego, después de vencerles, le espera el príncipe Humperdinck (Chris Sarandon) que pretende desposar a la pobre Buttercup, la cual odia al príncipe, porque sigue enamorada de Westley. Precisamente Westley vence con su espada al hábil duelista Iñigo Montoya (Mandy Patinkin) y con sus puños al gigante Fezzik (André René Roussimoff), pero para liberar a la princesa Buttercup debe vencer a Vizzini, el líder de los secuestradores, un siciliano supuestamente muy inteligente al que reta a un duelo de ingenio, quien gane se queda con la chica y quien pierde muere. Lógicamente gana Westley, y prosigue en su cruzada.
Pero en otra escena también mítica, Iñigo Montoya consigue su momento de la venganza, al toparse con el conde Rugen (Christopher Guest), mano derecha del príncipe- El conde hiere a Iñigo, pero cuando parece que va a perder el combate, comienza a repetir la frase que quedará ligada para siempre al personaje y que pasó a la historia del cine, "Hola, soy Iñigo Montoya, tú mataste a mi padre, prepárate a morir", y cada vez que la repite obtiene más fuerzas, consiguiendo finalmente su venganza atravesando con su espada al rufián, una venganza en toda regla y muy satisfactoria.
Sirva esta entrada de homenaje al director Rob Reiner, fallecido el pasado 14 de diciembre que fue asesinado junto a su mujer a los 78 años.
Como decía ayer, en 1979 Sylvester Stallone hará la segunda parte de Rocky, que tres años atrás había sido un inesperado éxito y que recordemos tenía a nuestro protagonista como guionista y actor principal. Aquí también añadirá la labor de director y empezó para ello a codearse con distintos guionistas, actores y directores de cine que lo llevaron a aprender más a fondo esa ardua tarea de dirigir una película. De todas las secuelas, quizás esta es la más cercana al espíritu de la primera.
El film comienza inmediatamente donde Rocky, la primera, lo dejó, ahora con Apollo (Carl Weathers) y Rocky Balboa (Sylvester Stallone) en el hospital después de haber terminado el combate, la continuación lógica y exacta temporalmente. Apollo se muestra muy resentido con el inesperado resultado que Rocky había dado en el ring y con gran fervor e ira le reta a una revancha, pero Rocky pasa y decide retirarse del boxeo para estar junto a su mujer Adrian (Talia Shire), a la vez que recibe la noticia de que ha perdido parte de la visibilidad de su ojo derecho. Esa efímera fama de la que disfruta Rocky, después de estar a punto de derrotar al campeón mundial de los pesos pesados, es aún más frágil cuando las ofertas publicitarias para el anuncio de productos no van bien debido a la limitada educación y falta de sofisticación del púgil, en palabras llanas, Rocky era anticomercial. Debido a ello, a la falta de dinero y al embarazo final de su mujer, se verá abocado a la demanda de revancha del "casi derrotado" Creed.
La banda sonora volvió a ser compuesta por el mítico Bill Conti, que volvió a hacerlo a un gran nivel.
Os dejo con el tema Redemption, tema principal de esa banda sonora.
En 1979 Sylvester Stallone hará la segunda parte de Rocky, que tres años atrás había sido un inesperado éxito y que recordemos tenía a nuestro protagonista como guionista y actor principal. Aquí también añadirá la labor de director y empezó para ello a codearse con distintos guionistas, actores y directores de cine que lo llevaron a aprender más a fondo esa ardua tarea de dirigir una película. De todas las secuelas, quizás esta es la más cercana al espíritu de la primera.
El film comienza inmediatamente donde Rocky, la primera, lo dejó, ahora con Apollo (Carl Weathers) y Rocky Balboa (Sylvester Stallone) en el hospital después de haber terminado el combate, la continuación lógica y exacta temporalmente. Apollo se muestra muy resentido con el inesperado resultado que Rocky había dado en el ring y con gran fervor e ira le reta a una revancha, pero Rocky pasa y decide retirarse del boxeo para estar junto a su mujer Adrian (Talia Shire), a la vez que recibe la noticia de que ha perdido parte de la visibilidad de su ojo derecho. Esa efímera fama de la que disfruta Rocky, después de estar a punto de derrotar al campeón mundial de los pesos pesados, es aún más frágil cuando las ofertas publicitarias para el anuncio de productos no van bien debido a la limitada educación y falta de sofisticación del púgil, en palabras llanas, Rocky era anticomercial. Debido a ello, a la falta de dinero y al embarazo final de su mujer, se verá abocado a la demanda de revancha del "casi derrotado" Creed.
Una escena mítica es el final del film, cuando acaba el combate y Rocky con su cara completamente amoratada celebra su triunfo y da las gracias a todos, su entrenador, a Dios, y a su mujer.