Al igual que Peter Jackson parece haberse convertido en un restaurador bestial y cronista tardío de The Beatles, Baz Luhrmann está haciendo lo propio con Elvis Presley, pero siempre desde la devoción y admiración hacia el artista como primera premisa. Pero en este caso concreto del que hablamos, el verdadero trabajo del director para mí radica en el montaje de un material, que si sólo se hubiera dedicado a exponerlo tal cual, ya hubiera sido alucinante, pero esas traslaciones de los ensayos a los conciertos, esas imágenes en las que se ve al artista departiendo y teniendo guiños con los músicos, esa humanización de Elvis (que nunca viene mal, para los que piensan negativamente de Elvis), etc., lo convierten en arte y en una película que cuando la ves por primera vez, la impresión que te queda es exuberancia y además de todos es sabido que este director tiende al estilo excesivo, que en este caso está muy bien canalizado, haciendo que el auténtico protagonista sea el propio artista y que sea él mismo quien se defina y nos enseñe su arte que es descomunal.
Por si fuera poco, esa época de los conciertos en Las Vegas nos enseña a un Elvis en plenitud, mucho antes de su caída a los infiernos, que en algunas imágenes que llegan a 1973-74 se empiezan a notar, sobre todo en el rostro. Pero ante todo, se aprecia en muchos momentos, y el propio músico lo dice, que si él se está divirtiendo con lo que hace y le gusta, hace que el público también se lo pase bien y claro sus shows eran un auténtico espectáculo, un despliegue de muchos estilos, con versiones de sus propios temas, de otros, y como siempre con sus impecables interpretaciones que, dicho sea de paso, nunca tuvo un mal tono o un gallo, Elvis era absolutamente perfecto cuando ejecutaba un tema, otra cuestión es el estilo con el que abordaba cada tema en cada instante, que podía gustar más a un público que a otro, a mí particularmente me encanta. Sus shows son atemporales y no son para nada desfasados, son actuales y están muy vigentes. Por otro lado estaba la imagen y la estrella absoluta que era Presley, que se nota en todos los besos que daba a las mujeres que se lo pedían, autógrafos que firmaba, etc., él lo daba todo por su público.
En definitiva una hora y media de disfrute total que creo que El Rey merecía y que todos los fans agradecemos y mucho. Hay momentos de disfrute y también algunos de pena por lo que perdimos, y la dolorosa declaración de Elvis diciendo que nunca pudo tocar en Europa o Japón. Conclusión: "Elvis está más vivo que nunca".
Os dejo con el tráiler del film.












































