James Vanderbilt dirigió el año pasado Núremberg cuando se cumplen 80 años del mítico juicio a la cúpula nazi derrotada que orquestó el genocidio de los judíos en la II Guerra Mundial. Siempre tenemos presente el film de 1961, aquel Vencedores o vencidos (El juicio de Núremberg) dirigida por Stanley Kramer y precisamente evitando parecerse a aquella que se centraba en los juicios, esta pone el foco justo antes de lo que se iba a celebrar en el enfrentamiento psicológico entre el psiquiatra estadounidense Douglas Kelley, al que da vida Rami Malek, encargado por el ejército norteamericano si los oficiales nazis prisioneros son aptos para ser juzgados por sus crímenes de guerra, siendo su momento más importante con Hermann Göring (al que borda Russell Crowe, que saca el lado más siniestro del personaje) y que era la mano derecha de Hitler y su número 2. La película está basada en el libro 'El nazi y el psiquiatra' de Jack El-Hai.
Pero la labor de Kelley va más allá del estudio de si eran aptos o no para los juicios, realmente en sus informes debe descifrar sus mentes, sobre todo la de Göring. Un tipo que es negacionista del holocausto como defensa, y que intenta incluso llevar a su terreo al psiquiatra, al que acaban poniendo un compañero como ayuda, el Doctor Gustav Gilbert (Colin Hanks) con el que habrá tensiones. Kelley tiene muchas conversaciones con Göring e incluso hará de correo entre él y su esposa Emmy (Lotte Verbeek) a la que tienen viviendo en una casa de manera secreta con su hija.
Göring intenta manipular desde el primer momento al psiquiatra, e incluso convencerle de que es una buena persona, aunque su narcisismo le puede.
Pero el film va más allá e intenta reconstruir todos los cimientos, tensiones y grietas de aquel gran macroevento jurídico internacional que surgió como respuesta al derrocamiento del régimen nazi, y para ello mete el bisturí mostrando de una manera tremenda, hasta que punto el mal puede resultar seductor y hacer ver su falsa bondad.
Pero de forma paralela la película narra el complejo pero crucial nacimiento del Tribunal Internacional, con EEUU, Gran Bretaña, Francia y U.R.S.S como componentes, en el que esas cuatro patas no coincidían en cómo castigar a los responsables nazis. El director pone e Robert H. Jackson (Michael Shannon) como la figura que apostó por un juicio justo cuando las presiones políticas eran altas y sobre todo siendo algo nuevo y que no tenía precedentes. Tanto este personaje como el fiscal británico David Maxwell-Fyfe (Richard E. Grant) formaron un dúo que acabó por agrietar la resistencia de Göring, no sólo con un film mostrado en el tribunal sobre los innumerables campos de concentración, sino sacándole la confesión de que seguía siendo un seguidor de Hitler. Göring y los demás encausados fueron condenados a la horca, pero Hermann se suicidó antes con cianuro en la prisión.
Quería destacar también el papel del Sargento Howey Triest (Leo WooDall) que trabaja como intérprete para ayudar a Kelley en las conversaciones con los presos, y que tiene un papel muy aclaratorio en el film.
Esta película entronca con la realidad actual, con ese auge renovado de los discursos totalitarios, y en eso quería incidir Kelley, que editó un libro con sus conversaciones con Göring, y que fue un fracaso debido a que en entrevistas decía que también había personajes así en otros países, incluido EEUU, y que se esconde detrás en las sombras.
Os dejo con el tráiler del film.




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