Renato Di Maria dirige este biopic sobre la figura del compositor, cantante, productor y creador inclasificable, Franco Battiato, el artista siciliano que revolucionó la música italiana gracias a una mezcla única de experimentación, filosofía, espiritualidad y cultura popular. Dario Aita da vida al mítico artista en una actuación realmente impresionante, donde se mimetiza absolutamente con el personaje, al que sabe dar en los momentos clave de su vida personal y profesional un enfoque muy acertado.
El film comienza con un Franco de niño en Sicilia, que sufre un golpe en la nariz jugando al fútbol, y al no poder reparársela se le queda una prominente nariz ya para siempre, para luego ya crecer y convertirse en un icono de la música italiana cuando se traslada a Milán, primero introducido en la vanguardia de la época con unos primeros discos experimentales y muy poco comerciales con sintetizadores, para luego ir cambiando y haciendo temas más comerciales, además de reflejar su espiritualidad y filosofía, que transforman su forma de crear y mirar el mundo.
Battiato fue un niño autodidacta, algo muy bien reflejado en la película, al que su padre nunca comprendió y fue cruel con él, quitándole un piano que le había conseguido su madre, cosa que hizo que Franco desde que dejó Sicilia, no quisiera saber nada de su progenitor, en cambio siempre estuvo muy unido a su madre, la cual murió en 1994, y es ahí hasta donde llega la cinta.
La película nos ofrece pinceladas por los múltiples estilos musicales en los que el artista estuvo implicado, el lado romántico, los inicios experimentales con música electrónica, el rock progrsivo de la década de los 70, el pop filosófico, la música culta o la música étnica.
Pero otro punto importante del film recae en la singular personalidad del artista que tiene una búsqueda interior en la que se pregunta constantemente ¿quién soy yo?, ese viaje interior solitario sobrevuela toda la duración y en el que se añade que teniendo relaciones nunca estuvo atado a ninguna pareja. La cinta pone el acento en su dimensión espiritual, que se reflejaba mucho en la música que hacía, su constante tensión entre el éxito popular y su propia búsqueda interior, y las relaciones personales del artista, que curiosamente tenía más conexión con las personas que entendían su forma de ver la vida, como una amiga suya casada con otro hombre, que era la que mejor le comprendía. Pero se relata que Battiato tenía muchos amigos y amigas, no era un ser introvertido que vivía alejado del mundo, ni mucho menos.




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