miércoles, 21 de enero de 2026

Sinners (2025)

Ryan Coogler dirige Los Pecadores, una film que acaba de batir récords de nominaciones a los Óscars con dieciséis, nada más y nada menos. A Coogler le conocía por cintas como Creed o Black Panther, pero es con este film con el que ha hecho su trabajo más personal y enteramente suyo. Mucho había escuchado de la película, pero hasta que la ves no te das cuenta de que no tiene una fácil clasificación, algo que últimamente es difícil de ver en una superproducción. Ante todo esta cinta tiene su base en la experiencia negra en Estados Unidos, pero no exenta de entretenimiento que se mezcla con el terror y el thriller de acción, todo muy bien combinado, que consigue un resultado que la crítica ha puesto por las nubes. Ciertamente hay una parte de la película que recuerda a alguna epopeya tarantinesca, y siendo bastante excesiva en muchos momentos consigue ser genuina. Se trata de un film sutil a la vez que brutal, visualmente espectacular y un deleite para los oídos, con el blues como base de todo.


La historia está ambientada en los años 30, en la que la Ley Seca imperaba en Estados Unidos, pero como es sabido, eso no impedía el contrabando de alcohol y su consumo a espaldas de la ley. Las comunidades afroamericanas son perseguidas por el Ku Klux Klan y los trabajadores negros cultivan el algodón en las plantaciones. En los estados sureños, Misisipi, en concreto en Clarksdale donde se ambienta el film, la vida no es sencilla para estas personas, que sobreviven con lo poco que tienen. Allí se mezclan superstición y religión, vudú y chamanes, tradición y las creencias... todo ello dentro de una cultura que bulle en sus venas y se transmite de generación en generación, pero que tiene a la música blues como el auténtico pegamento de unión de todos ellos y que forma parte de su esencia. Sammie Moore (al que da vida Miles Caton), es el hijo del pastor y quiere ser músico (además se le da bien), un camino que no todos ven correcto, el primero su padre, así empieza la historia, en una iglesia, un chaval con una guitarra en las manos, ¿será la música del diablo o la libertad?
El actor fetiche de Coogler, Michael B. Jordan realiza dos papeles, Smoke y Stack, hermanos que se hacen llamar "los gemelos" personajes que recuerdan hasta que punto había que llegar para que no te pasaran por encima en esa época. Vuelven de Chicago adinerados a su pueblo, y quieren montar un local de blues, para ello compran un viejo aserradero a un blanco.


Cierto es que el film tiene dos partes diferenciadas, con una especie de interludio o unión hacia la mitad donde parece que por un momento se pierde algo de la perspectiva, quizás quitaría esos diez minutos de metraje sobrantes desde mi modesto punto de vista. En la primera parte cuando la fiesta está en su esplendor, es la máxima expresión de la libertad para la comunidad negra y en una escena al principio muy chocante, el músico entona una canción y la secuencia cruza la sala de baile mezclando sonidos de distintas épocas y pueblos. Ojo el film no es un musical, aunque tiene partes donde pudiera parecerlo, simplemente va con la historia.
En la segunda parte lo sobrenatural se adueña del film, y hay un evidente cambio de género. la llegada de un extraño músico irlandés Remmick (Jack O'Connell) lo cambiará todo. Se adueñan el terror, el sexo, la acción, etc., y sin olvidar el componente social tan importante en el film.
Por cierto, es interesante recalcar que hay que ver la película incluidos los títulos de crédito, con una escena última realmente apabullante.


Os dejo con el tráiler de un film que creo que no te deja indiferente.

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