martes, 21 de julio de 2015

Senna (2010)

Cartel del film


Senna, la película, del año 2010, pone de manifiesto la dificultad de delimitar las fronteras entre documental y ficción, si es que ya no son lo mismo o, cuanto menos, intercambiables. Esta cinta del británico Asif Kapadia, dedicada al legendario piloto brasileño Ayrton Senna, encaja perfectamente con la obra de un devoto que profesa su devoción en pantalla grande, y construyendo un relato a base de las gestas y tragedias que conformaron la brillante carrera del piloto brasileño, sesgada en mayo de 1994 en el circuito de Imola, en el Gran Premio de San Marino (que actualmente ya no se celebra).


El film está basado tanto en archivos familiares del fallecido piloto, como también material audiovisual de televisión brasileña y mundial de la época. Se muestra a un Senna muy religioso, preocupado por sus compañeros de trabajo (en las reuniones de pilotos), perfeccionista hasta el mínimo detalle, obsesionado con el triunfo, ídolo mundial, y mito en vida en Brasil, su país natal.
Desde los boxes a las reuniones, la cámara es un testigo constante, a menudo brutal en su presencia invisible, tanto en las votaciones y debates de los corredores, la defensa de Nelson Piquet a Senna, el acalorado rifirrafe entre Ayrton y Jean-Marie Balestre, el entonces presidente francés de la FIA, que se supone favoreció a Alain Prost.



El relato documental se centra a partir de 1984, año en que Senna llega a la máxima categoría del automovilismo. Exhibe las mejores carreras del brasileño (inolvidable aquella de Mónaco 84 sobre agua donde adelanta al mísmisimo Niki Lauda) mientras estaba en los equipos Toleman y Lotus, resultados que lo catapultaron hasta llegar a McLaren. Tiene como eje principal la rivalidad, tanto fuera como dentro de la pista, que mantuvo Ayrton con el francés Alain Prost, mientras eran compañeros de escudería en McLaren. Al igual que la carrera del astro brasileño, el documental alcanza su máxima tensión y emoción durante esta fase, carreras palmo a palmo y declaraciones cruzadas entre el brasileño y el francés le dan emocionantes tintes a la historia. Tras mostrar a Senna coronándose tricampeón, en contra de todos los pronósticos, se narra el cambio de reglas en cuanto a la ingeniería de los autos, en 1992. Se entra en la era de la suspensión electrónica, y se generan diferencias entre los que contaban con dicha tecnología y los que seguían con suspensión analógica.
Precisamente, la consabida y trágica muerte de Senna en Imola, San Marino, supone el clímax escalofriante del film, la cámara vuelve al punto subjetivo del piloto y desde dentro del monoplaza, todo artificio de voz en off, música o declaraciones, es dejado a un lado para permanecer únicamente con el ruido del motor. Es alucinante ese final, he vuelto a llorar, porque en su día en directo estaba viendo la carrera en la 2 (entonces todavía la televisión pública echaba las carreras), estaba comiendo y se me cortó la digestión, sentí que algo grave había pasado, sobre todo con el gesto del casco de Senna que se vencía, y me entró un enorme escalofrío por el cuerpo. Ya en ese fin de semana, hubo dos avisos gravísimos, primero el accidente de su compatriota Rubens Barrichello, y la fatal muerte de Roland Ratzenberger, que hizo llorar al propio Senna, que no tenía ganas de correr, del que por cierto casi nadie se acuerda porque lo de Senna lo eclipsó todo, pero ese fin de semana murieron dos pilotos, una fecha negra para el automovilismo.


Su relación con Xuxa (otra figura en Brasil) aquí es más que sugerido, pero ante todo, Senna podría pasar por héroe de personalidad más bien mediocre y permanentemente encomendado a Dios, pero sus gestas sobre la pista, su actitud suicida y, en última instancia, su aciago final, le convirtieron en mito para la historia.
Es un enorme documental, que en su día emocionó a Ron Dennis (no me extraña para nada) y en el que se ve la enorme rivalidad de Ayrton con Alain Prost, con el que fue compañero, luego enemigos acérrimos, pero entre ellos siempre hubo respeto y mucha rivalidad, lo demuestra el hecho de que Alain fuese a Sao Paulo al entierro y llorara como un niño pequeño.
La música corre a cargo de Antonio Pinto.

Os dejo con este tremendo film.


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