En el año 1987 Rob Reiner dirige una de esas películas que nunca te cansas de ver y que tiene momentos de lo más divertidos, es un cuento medieval de amores inmortales, lucha de espadas, brujas malvadas, conjuros y princesas, además de tener una extraordinaria banda sonora compuesta por Mark Knopfler. Después de buscar fortuna durante un lustro, Westley (Cary Elwes) retorna a su tierra para casarse con su amada, la bella Buttercup (Robin Wright Penn), a la que había jurado amor eterno. Para recuperarla ha de enfrentarse a Vizzini (Wallace Shawn) y sus secuaces. Luego, después de vencerles, le espera el príncipe Humperdinck (Chris Sarandon) que pretende desposar a la pobre Buttercup, la cual odia al príncipe, porque sigue enamorada de Westley. Precisamente Westley vence con su espada al hábil duelista Iñigo Montoya (Mandy Patinkin) y con sus puños al gigante Fezzik (André René Roussimoff), pero para liberar a la princesa Buttercup debe vencer a Vizzini, el líder de los secuestradores, un siciliano supuestamente muy inteligente al que reta a un duelo de ingenio, quien gane se queda con la chica y quien pierde muere. Lógicamente gana Westley, y prosigue en su cruzada.
Pero en otra escena también mítica, Iñigo Montoya consigue su momento de la venganza, al toparse con el conde Rugen (Christopher Guest), mano derecha del príncipe- El conde hiere a Iñigo, pero cuando parece que va a perder el combate, comienza a repetir la frase que quedará ligada para siempre al personaje y que pasó a la historia del cine, "Hola, soy Iñigo Montoya, tú mataste a mi padre, prepárate a morir", y cada vez que la repite obtiene más fuerzas, consiguiendo finalmente su venganza atravesando con su espada al rufián, una venganza en toda regla y muy satisfactoria.
Sirva esta entrada de homenaje al director Rob Reiner, fallecido el pasado 14 de diciembre que fue asesinado junto a su mujer a los 78 años.


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