martes, 27 de mayo de 2014

Die Büchse der Pandora (1928)

Cartel del film
 
 
Esta mítica cinta del año 1928, alemana, e inscrita dentro del cine mudo y por supuesto rodada en blanco y negro, puede ser quizás una de las películas más cargadas de erotismo y a la vez inusual realismo en el contexto del cine romántico de la época. Su título "La caja de Pandora" (Lulú) dirigida por George Wilhelm Pabst, muestra a Lulú, una mujer magnética y hechizante que hace a todas las personas que la rodean caer rendidas ante su encanto y con ello en la perdición. Pero a la vez está rodeado de ambigüedad, ya que te hace dudar de si se trata de una mujer que se aprovecha de su belleza o, por el contrario, no es consciente de la misma y son los demás que se aprovechan de ella.
 


Louis Brooks (Lulú)
 
 
 
Por el año de su producción, se trata de un producto cinematográfico de condiciones singulares. En aquella época, en el contexto de la República de Weimar, Alemania vivió un florecimiento cultural notable y eso se nota en grado sumo. El desarrollo de las artes plásticas se extendió al cine, y se formó la corriente del expresionismo, dónde destacaron directores como Fritz Lang (Metrópolis, película de la que hablé aquí) y Fiedrich Wilhelm Murnau (Nosferatu, de la que hablaré en su día) realizadores de cintas sombrías con cualidades románticas, de una expresión objetiva frente a la representación de la objetividad. Quizás este director siempre estuvo a la sombra de los otros dos nombrados, pero para mi es muy reivindicable.
 
 
 

 
Lulú (Louise Brooks) es una mujer ambiciosa y sin moral que usa a los hombres a su voluntad. Desinhibida y atractiva, el aprovechamiento de sus encantos conllevará también sus peligros. La Caja de Pandora es recordada hoy día fundamentalmente por servir de plataforma de lanzamiento a la personalidad de su protagonista, una Louise Brooks que ofrece con su presencia, magnetismo y singular personalidad, todo un extraño icono del erotismo cinematográfico que ha transcendido a lo largo de los años. Ese icono, que pese a ubicarse en rasgos muy definitorios de finales de los años 20, tampoco hemos de engañarnos de que su poder de fascinación permanece inalterable con los años, su mirada provocadora, desprejuiciada, y un peinado que potencia una belleza singular, con rasgos andróginos (el director la presenta casi sin pechos, y no lo oculta). Lo que no se escapa a nadie, es incluso el personaje de la amiga protectora (quizás una idea de lesbianismo le rondaba), lo que sin duda es algo que en aquellos años era muy impactante para las mentalidades de la época.
 




La Caja de Pandora destaca por el aprovechamiento que Pabst brinda a la expresividad de los rostros y una cuidada composición del encuadre que se sirve fundamentalmente del uso de las sombras y las líneas verticales que ofrecen puertas, habitáculos y otros objetos.
En definitiva, una obra que conviene repasar, ya que para mi es un punto indudable de referencia.

Disfrutad de esta obra maestra, cuya música corre a cargo de Peer Raben.

 

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