miércoles, 31 de agosto de 2016

Mejores escenas cómicas del cine (L)


En 1974, Mel Brooks dirige el Jovencito Frankestein, quizás y sin temor a equivocarme, una de las comedias más disparatadas, delirantes, ingeniosas y divertidas de la historia del cine. Se trata de una de esas conjunciones donde todo funciona, y no sólo eso, sino que lo hace con un encanto especial, algo tocado con una varita mágica e irrepetible. Además y por si fuera poco, tiene la capacidad curativa de hacer olvidar problemas de la vida cotidiana, y te sientes completamente absorbido por la pantalla, en su hora y tres cuartos de duración.
Rodada en blanco y negro aposta, en ella, el joven doctor Frederick Frankestein (Gene Wilder), un neurocirujano norteamericano, ha huído siempre del estigma legado por su abuelo, quien creó años más tarde un monstruo. Ahí, es donde el guión perpetrado por Brooks y Wilder hace un desprejuiciado homenaje, que a la vez es parodia, y como no revisión del mito cinematográfico, cuya creación era de Mary Shelley.
Cuando el doctor hereda el castillo de Frankestein, hace un viaje para conocerlo, y descubre en él un manual científico extraño, en el que se explica paso por paso como devolverle la vida a un cadáver, con lo que empezará a crear su propio monstruo. Tendrá la ayuda de el jorobado Igor, maravillosamente interpretado por Marty Feldman, y la espectacular y llena de curvas Inga, a la que da vida Teri Garr. Ese monstruo que crea, tendrá como propósito ser amado.


En una de las muchísimas escenas impagables, mientras cenan, el doctor, Inga e Igor, mantienen una conversación acerca de las proporciones del monstruo, cuyas partes del cuerpo tendrán que ser aumentadas para adaptarse a su gran envergadura, a lo que Inga reacciona pensando que también aumentará la parte que a ella realmente le interesa de su anatomía, pero la frase final de Igor... es para la historia... "Pues va a ser muy popular".

Disfrutad de este escena cómica sin parangón.


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