lunes, 8 de mayo de 2017

Road to Perdition (2002)


Sam Mendes, antes de meterse a dirigir a 007, y después de haber debutado con un éxito arrollador en 1999 con American Beauty, hace Road to Perdition, mal traducido aquí, ya que Perdición es el pequeño pueblo de destino de los dos Michael Sullivan. En inglés se juega con el doble sentido del título, pero aquí directamente pasaron en canoa. Mientras que la perdición a la que alude el título, viene originada por una rivalidad entre el hijo de un poderoso mafioso irlandés y su chico preferido, todo proviniente del cómic de Max Allan Collins y Richard Piers Rayner, del que sale el guión adaptado por David Self.


La historia está narrada por Michael Sullivan Jr. (Tyler Hoechlin), el chaval protagonista, sobre la serie de circunstancias que acabaron con la vida de su padre Michael Sullivan (Tom Hanks), un temido matón a sueldo cuyo jefe, John Rooney (un brutal Paul Newman) era casi un padre para él. Tenemos en realidad la historia de dos padres y sus hijos, y esa eterna dificultad de la comunicación entre las personas que más se quieren. Daniel Craig hace de Connor Rooney, el hijo de John. 
Pero claro aquí la labor de Mendes, que es un gran director de actores, supongo que sería una gozada para él ver al Paul Newman mayor, con ya 77 años, uno de los grandes, despachar una actuación memorable, en un personaje que aúna ser entrañable y temible al mismo tiempo, cariñoso y a la vez oscuro y tenebroso. 


Por contra y aunque siempre me ha parecido un enorme actor, Tom Hanks está bien, pero tengo un problema con él en esta película, y es que me parece poco creíble, quizás me puede que se me vaya la cabeza a sus anteriores papeles y no me cuadre, pero aquí hace de un asesino implacable y la verdad me cuesta creerlo, este buen chico americano como un frío ejecutor irlandés. Sin embargo Daniel Craig está espléndido, te crees completamente su mirada que te clava de auténtico psicópata. Y luego está Harlen Maguire (Jude Law), el más malo de todos, que se crea ,haciéndose el feo, un personaje que es un asesino silencioso pero memorable. Lo único que falla es que no hay un enfrentamiento entre ambos "hijos", pero hubiera sido glorioso.
Jennifer Jason Leigh, hace de Annie Sullivan, la mujer de Michael, simplemente está fantástica.



Todo está ambientado en 1931, los años oscuros de La Gran Depresión, tiempos duros donde la mafia irlandesa domina en Rock Island. La Ley Seca sigue vigente y los gánsters siguen, especialmente Al Capone en Chicago, en la cima del poder.
Ya desde la primera escena, la de la cena familiar y el entierro, es obvio que el hijo de Sullivan seguirá a su padre, para saber en qué consiste exactamente su trabajo. Es ahí, en el funeral, donde se dibuja el argumento dramático, y el espectador sabe por donde irán los tiros, nunca mejor dicho. Pero el film, sufre lagunas cuando el intento de Michael Sullivan por demostrar a John Rooney que su hijo Connor, aparte de un psicópata y asesino despiadado, le está engañando con sus cuentas, pierde fuelle, se diluye. Sólo la persecución del fotógrafo implacable, mantiene el nivel.



Hablamos de un film muy bien hecho, con varias secuencias magníficas, como el tiroteo bajo la lluvia (mítica), y varias otras tremendas. La película es buena, sin llegar a la excelencia, no es una obra maestra, pero tiene momentos muy buenos.

Os dejo con este buen film.

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